La tensión diplomática y militar alcanzó un nuevo pico en el Atlántico Norte este miércoles 7 de enero de 2026, cuando Estados Unidos concretó la incautación de dos petroleros sancionados y vinculados a Venezuela. Estas acciones se enmarcan en un bloqueo de Washington a las exportaciones petroleras ilícitas y revelan un patrón de aplicación de sanciones mucho más agresivo en el hemisferio occidental.
El largo escape del petrolero Bella-1 (Marinera)
La incautación del buque mercante Bella 1 culminó una persecución de más de dos semanas a través del océano Atlántico. El operativo fue ejecutado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, con la participación del Departamento de Seguridad Nacional y personal militar.
El petrolero, originalmente conocido como Bella-1, había intentado evadir un bloqueo estadounidense sobre buques petroleros sancionados alrededor de Venezuela.
Los detalles de la evasión, según reportes, incluyen:
- Bloqueo eludido: La Guardia Costera estadounidense intentó abordar la embarcación en el Caribe en diciembre de 2025, cuando se dirigía a Venezuela, pero el barco se negó y continuó su ruta a través del Atlántico.
- Cambio de identidad: Durante la persecución, el buque fue renombrado Marinera y fue registrado bajo bandera rusa en las bases de datos de envío.
- Camuflaje: La tripulación también pintó una bandera de Rusia en el costado del casco para simular su nueva afiliación.
La incautación final ocurrió en aguas internacionales, cerca de Finlandia, aunque los sitios de seguimiento marítimo mostraban previamente su posición entre Escocia e Islandia, viajando hacia el norte en el Atlántico Norte. Aviones militares estadounidenses y un avión de vigilancia de la Real Fuerza Aérea sobrevolaron la zona antes del abordaje.
El Comando Europeo de Estados Unidos (EE. UU.) confirmó la incautación, indicando que el cortador de la Guardia Costera Munro rastreó la embarcación antes de la toma, “de conformidad con una orden emitida por un tribunal federal de Estados Unidos”.
El patrón: las incautaciones como arma de presión
La incautación del Bella 1 (Marinera) y otro buque se basó en violaciones a las sanciones estadounidenses. El Bella 1 había sido sancionado por Estados Unidos en 2024 por supuestamente contrabandear carga para una empresa vinculada al grupo miliciano libanés Hezbollah, que cuenta con el respaldo de Irán.
El Comando Europeo de las fuerzas estadounidenses indicó que la administración del presidente Donald Trump había incautado el buque por violar las sanciones, reafirmando que la acción se apoya en la proclamación del mandatario para abordar buques sancionados que “amenazan la seguridad y estabilidad del Hemisferio Occidental”.
El secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, declaró en respuesta a la publicación del Comando Europeo: “El bloqueo del petróleo venezolano sancionado e ilícito sigue en plena vigencia en todo el mundo”.
La doble incautación: Bella-1 y Sophia
Funcionarios estadounidenses confirmaron que las fuerzas de EE. UU. incautaron dos petroleros sancionados. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, reveló en una publicación en redes sociales que, además del Bella 1, las fuerzas tomaron el control del petrolero Sophia en el Caribe. Noem afirmó que ambos barcos “o bien atracaron por última vez en Venezuela o estaban en ruta hacia allí”.
El ejército estadounidense tomó el control del Bella 1 y lo entregó a las autoridades policiales. En cuanto al destino de las naves, no existe certeza, aunque algunas fuentes señalaron que el barco incautado podría ingresar a aguas territoriales británicas.
Reacción rusa y la diplomacia de las escoltas
La presencia de naves militares de Rusia cerca de la zona de incautación aumentó la tensión. Funcionarios estadounidenses indicaron que había buques militares rusos, incluido un submarino enviado por Moscú para escoltar el petrolero sancionado.
Si bien no hubo especificaciones sobre a qué distancia se encontraban estas embarcaciones, y no hay indicios de que se hubieran producido enfrentamientos, la situación generó preocupación en la esfera diplomática rusa.
Antes de la incautación, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia ya había manifestado su inquietud por la situación. La declaración, difundida por la agencia Tass, indicaba que el ministerio estaba “siguiendo con preocupación la situación anómala que se ha desarrollado alrededor del petrolero ruso Marinera“, y señalaba que un barco de la Guardia Costera de Estados Unidos había estado siguiendo al Marinera, a pesar de que la nave se encontraba “aproximadamente a 4 mil kilómetros de la costa estadunidense”.
El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó la postura de Washington tras el operativo: “Estamos haciendo cumplir las leyes estadunidenses con respecto a las sanciones petroleras. Vamos a la corte, obtenemos una orden, incautamos esos barcos con petróleo. Y eso continuará”.
El telón de fondo: la captura del presidente venezolano
La incautación de los petroleros se produce en un contexto de máxima fricción militar y política. Este operativo tuvo lugar pocos días después de que fuerzas especiales estadounidenses atacaran la capital de Venezuela, Caracas, en una redada para secuestrar al presidente, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores.
El objetivo del ataque a Caracas era llevar a Nicolás Maduro a Estados Unidos, donde sería procesado en un tribunal de Nueva York por cargos relacionados con presunto tráfico de drogas. Funcionarios de la administración Trump han dicho que tienen la intención de continuar incautando buques sancionados conectados al país.
¿La doble incautación de estos petroleros representa un simple cumplimiento de las leyes de sanciones o es el primer capítulo de una escalada militar mucho más amplia en el hemisferio occidental, en la que se cruzan intereses petroleros, rusos y de seguridad regional?

