La noticia no fue una rendición ni el inicio de una invasión militar, sino la ejecución quirúrgica de un plan diseñado para neutralizar a un dictador. El 3 de enero de 2026, Nicolás Maduro fue extraído de Venezuela en lo que se considera una “operación de manual Venezuela”, que violó abiertamente el derecho internacional. Este análisis detalla la sofisticada estrategia militar de Washington.
La naturaleza quirúrgica de la exfiltración del 3 de enero de 2026
El autor, Jesús A. Núñez Villaverde, señala que la acción, fechada el 3 de enero de 2026, no se decantó por las dos opciones esperadas: la rendición o la invasión. Una rendición era altamente improbable, dado que el dictador podría haber sospechado que un acuerdo de “retiro dorado” se convertiría de inmediato en papel mojado.
En cuanto a la invasión:
- Se requería contar con muchos más medios de los que Estados Unidos (EE UU) había acumulado frente a las costas venezolanas desde septiembre pasado en el marco de la operación Lanza del Sur.
- Invadir un país de casi un millón de kilómetros cuadrados, con una orografía tan compleja, se antojaba una aventura militar con un desarrollo muy incierto.
Dando por hecho que el despliegue estadounidense no era una simple maniobra para presionar políticamente a Nicolás Maduro o luchar contra el narcotráfico, solo quedaba por poner fecha a una operación de captura. Esta acción retrotrae a la efectuada hace 36 años para hacerse con el presidente Manuel Noriega en Panamá.
Una violación frontal del derecho internacional
Esta operación supone una frontal violación del derecho internacional y una clara demostración de la abrumadora superioridad militar estadounidense frente a un régimen mal pertrechado.
Aunque Maduro haya pretendido mostrar el apoyo de “toda la nación en armas,” el periodista destaca las implicaciones políticas posteriores:
- El presidente Donald Trump aseguró que Washington gobernaría Venezuela hasta que hubiera una “transición segura.”
- Esta acción refuerza la percepción de una supremacía militar innegable.
La estrategia de los tres ejes: neutralizar y sembrar el caos
Aunque los detalles conocidos sobre la acción desarrollada son todavía pocos, se entiende que se trató de una operación simultánea ejecutada en al menos tres ejes para garantizar el éxito y minimizar la reacción de las fuerzas armadas venezolanas:
- Neutralización de activos militares: Este primer eje buscó neutralizar aquellos activos que podrían reaccionar ante la incursión. Para ello, EE UU atacó:
- Baterías antiaéreas.
- Sistemas de radar.
- Aviones y helicópteros estacionados en zonas cercanas a donde pudiera estar Maduro.
- EE UU utilizó sobrados medios de inteligencia y guerra electrónica muy sofisticados, que le permitieron anular la información que llegaba al enemigo y la transmisión de órdenes a través de su cadena de mando.
- Acciones de distracción: Se realizaron algunas acciones de distracción, atacando otros objetivos civiles y militares. El objetivo era complicar aún más la defensa y obligar a las fuerzas locales a diversificar esfuerzos. El desconocimiento sobre cuál de las avenidas de ataque llevaba el esfuerzo principal generó un contexto de incertidumbre general.
- Infiltración y exfiltración: En un ambiente de caos generado por la “avalancha de misiles, drones y aviones y helicópteros aproximándose desde diferentes direcciones,” se concretó el paso final.
La Fuerza Delta y el factor de inteligencia
Para detener y exfiltrar al presidente Maduro se infiltraron miembros de la Fuerza Delta, una unidad de élite de operaciones especiales con una larga experiencia en golpes de este tipo.
Una de las claves principales para que este último paso tuviera éxito era contar con información fiable sobre la localización de Maduro, un factor que fue determinante. Los 50 millones de dólares que Washington ofrecía por su cabeza seguramente contribuyeron a resolver la obtención de esta inteligencia crítica.
Debilidad militar y el nuevo frente político-judicial
Desde el punto de vista estrictamente militar, la operación dejó en claro que, a pesar de sus bravuconadas, las fuerzas armadas venezolanas son incapaces de ofrecer una mínima resistencia a la maquinaria militar estadounidense. La única opción de las unidades militares, milicias y grupos paramilitares leales a Maduro era que EE UU cometiera el error de invadir para poder desgastar a los invasores en una guerra irregular.
Esta debilidad es la que lleva a Washington a considerar que no necesita continuar con acciones armadas dentro de Venezuela. La estrategia estadounidense se enfoca ahora en dos vertientes:
- Frente judicial: Esperan que Maduro termine por pagar sus errores.
- Frente político: Encontrar “otras marionetas” con las que anclar a Venezuela en su bando.
La operación que culminó con la detención de Nicolás Maduro es un eco sombrío de la historia regional. ¿Hasta qué punto la supremacía militar de una potencia puede redefinir la soberanía y el derecho internacional, estableciendo un nuevo precedente de intervención unilateral en América Latina?




