La temporada navideña, marcada por la ilusión de recibir regalos, a menudo deriva en una “cadena de descontrol emocional preocupante”, según los expertos. El exceso de presentes dispersa los vínculos importantes y el interés de los menores. Para contrarrestar este efecto, la clave es transformar el enfoque: en lugar de obsequios materiales, se debe empezar a regalar experiencias niños, asegurando una huella emocional mucho más importante y duradera.
La paradoja navideña: exceso de estímulos y desregulación emocional
La psicóloga y psicopedagoga Paloma García Aranda, tutora en la plataforma TusClasesParticulares, advierte que las fiestas suponen una sobrecarga emocional para la mayoría de los menores. Si bien existen ilusión y momentos de disfrute, la época también trae consigo una ruptura importante de rutinas, un exceso de estímulos, cambios de horarios y muchas expectativas externas que, o no se cumplen, o resultan difíciles de gestionar.
El principal problema es que el sistema nervioso de los menores “no siempre está preparado para asumir todo lo que sucede condensado en apenas dos semanas”, explica García Aranda. Este fenómeno es conocido como desregulación emocional, y se manifiesta ante los padres como:
- Llantos injustificados
- Mayor irritabilidad
- Inconformismo
- Cansancio excesivo
- Conductas regresivas
La experta subraya que la clave está en adaptar la Navidad a las necesidades del niño, y no al revés. Como pautas fundamentales, recomienda mantener las rutinas básicas, prestando especial atención a las comidas y el sueño; anticiparles los cambios; respetar sus límites; validar sus emociones; y reducir el número de compromisos sociales si se perciben excesivos. La psicopedagoga enfatiza que la Navidad “no debería vivirse como una obligación emocional para los niños”.
El mensaje oculto detrás del regalo material y la frustración
Desde la psicología infantil se ha comprobado que el exceso de regalos genera saturación cognitiva y emocional. El menor pierde la capacidad de elegir, de profundizar en el juego y de valorar lo que recibe. Además, se reduce la tolerancia a la espera y a la frustración, un elemento crucial para el desarrollo emocional. Por ello, la máxima que promueve la especialista es que “menos regalos, bien elegidos, suelen generar mucho más bienestar”.
García Aranda también señala qué tipos de presentes evitar:
- Pantallas.
- Juguetes que son excesivamente estimulantes o inversivos.
- Aquellos que no se ajustan a su edad.
- Los que transmiten mensajes de consumismo sin límite.
Para la psicopedagoga, un objeto es más que un simple presente, es un mensaje: “Un regalo no es solo un objeto, es un mensaje sobre lo que esperamos de ese niño”. Ante la frustración que inevitablemente surge en estas fechas, ya sea por regalos no esperados o por la comparación con amiguitos, la experta insiste en que la frustración no es algo que se deba eliminar, sino acompañar. “Ayudar al niño a poner palabras a lo que siente, sostener su emoción y no resolverla inmediatamente es una gran oportunidad de aprendizaje emocional”, concluye.
Regalar experiencias: construyendo autoestima y vínculos afectivos
A diferencia de muchos juguetes, cuyo encanto se desvanece con rapidez, las experiencias generan huellas emocionales duraderas. Además, regalar una actividad en estas fechas puede marcar el tono del nuevo año e inspirar a los niños y niñas a descubrir una habilidad o explorar un hobby, con efectos muy positivos en su autoestima.
Según García Aranda, iniciar el año con un aprendizaje nuevo refuerza considerablemente la autoestima, porque los niños se perciben capaces, competentes y protagonistas de su propio desarrollo. Cuando un niño descubre que puede avanzar paso a paso en una habilidad nueva —sea música, deporte, cocina o pintura— se fortalece su autoconfianza y su tolerancia a la frustración. A largo plazo, regalar experiencias “alimenta la motivación intrínseca, es decir, el gusto por aprender por placer, y no por obligación”.
Estrategias para presentar una experiencia como un gran regalo
La experta recuerda que no se trata de dejar de regalar juguetes, sino de evitar el exceso. Los regalos materiales demasiados pueden provocar que los menores no le den valor a lo que tienen, y cuanto más tienen, menos les dura la ilusión. Es un hecho que los recuerdos emocionales pesan más que los materiales.
Para que una experiencia emocione tanto como un juguete de la carta a Papá Noel o los Reyes Magos, la clave está en la presentación:
- Crear un envoltorio especial: Un mapa del lugar, una foto del hobby, un pequeño objeto simbólico (una púa si es guitarra, un delantal si es cocina).
- Acompañar el regalo de un ‘momento anticipatorio’: Marcar en un calendario de cuándo empezará, preparar juntos los materiales, visitar el espacio.
Cuando las experiencias regaladas se disfrutan con sus seres de referencia, el beneficio es aún mayor, porque fortalecen el apego y la sensación de seguridad emocional entre los niños y los adultos. En cuanto a los beneficios a largo plazo de regalar experiencias niños, la psicóloga destaca: el refuerzo del vínculo afectivo; la mejora de la regulación emocional; el fomento de la autoestima; la reducción del enfoque materialista; y la construcción de recuerdos emocionales positivos para siempre.
Si la gratitud se entrena todo el año y mejora la autoestima, como sostiene la experta, la lección de estas fechas es clara: priorizar el tiempo compartido y el desarrollo personal sobre el objeto material. ¿Está nuestra sociedad lista para desterrar el exceso de consumo por una inversión genuina en el crecimiento emocional de sus hijos?




