La insistencia del presidente Donald Trump en adquirir Groenlandia, un territorio semiautónomo de Dinamarca y aliado clave de la OTAN, ha provocado una crisis transatlántica y un profundo quiebre dentro del Partido Republicano. La Casa Blanca ha reservado explícitamente la opción militar para la anexión de la isla, forzando a los legisladores a elegir entre la lealtad presidencial y la estabilidad de las alianzas occidentales.
La opción militar y el dilema del Partido Republicano
La posibilidad de utilizar la fuerza militar para tomar Groenlandia dejó de ser una “broma” o un simple “disparate” presidencial, convirtiéndose en una realidad que el Partido Republicano se ve obligado a afrontar.
El dilema se hizo evidente en una audiencia celebrada en junio, cuando el representante republicano Mike Turner, de Ohio, cuestionó al secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth. Turner preguntó directamente si el Pentágono poseía planes para invadir o tomar Groenlandia por la fuerza. Hegseth se negó a retractarse, limitándose a responder que el Pentágono “tiene planes para cualquier tipo de contingencia” y que esperaban “trabajar con Groenlandia para garantizar su seguridad ante cualquier posible amenaza”.
La tensión aumentó drásticamente después de que Estados Unidos derrocara al líder de Venezuela y capturara a Nicolás Maduro el pasado fin de semana, un evento que subraya los planes expansionistas de la administración Trump en el hemisferio occidental.
La Casa Blanca reserva la fuerza militar
La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, emitió un comunicado el martes y reiteró en una rueda de prensa el miércoles que “utilizar a las fuerzas militares estadounidenses siempre es una opción a disposición del comandante en jefe”. Al ser cuestionada sobre si descartaría la opción militar, Leavitt se negó: “Todas las opciones están siempre sobre la mesa para el presidente Trump”.
Esta postura fue reforzada por el asesor de la Casa Blanca, Stephen Miller, quien también funge como subjefe de gabinete. Miller enfatizó que nadie defendería militarmente a Groenlandia de Estados Unidos, al afirmar el lunes en una entrevista con CNN: “Nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”.
La resistencia legislativa republicana
Ante la insistencia de la Casa Blanca, varios líderes republicanos han expresado públicamente su preocupación, intentando descartar la vía bélica.
- Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, declaró el martes por la noche que una acción militar “no, no creo que sea apropiado”, y añadió el miércoles que “todo esto de la acción militar y demás, ni siquiera creo que sea una posibilidad”.
- John Thune, líder de la mayoría en el Senado, dijo el martes: “No veo que la acción militar sea una opción” y expresó su esperanza de que “se pudiera llegar a un acuerdo” sobre cuestiones de seguridad con Groenlandia.
- El senador James Lankford, de Oklahoma, señaló: “No debemos amenazar a una nación pacífica que es nuestra aliada y donde ya tenemos una base militar”.
- Otros senadores como Rand Paul, de Kentucky, y John Kennedy, de Louisiana, se opusieron a una opción militar, calificándola este último de “estupidez mayúscula”.
A nivel bipartidista, hubo declaraciones conjuntas de legisladores clave. Blake Moore, de Utah, copresidente del grupo parlamentario de amigos de Dinamarca en el Congreso, junto a un demócrata, afirmó: “Las amenazas de anexión de Groenlandia son innecesariamente peligrosas”. Por su parte, Thom Tillis, de Carolina del Norte, copresidente del Grupo de Observadores de la OTAN en el Senado, advirtió que incluso la “coerción o la presión externa” violaba los principios de la alianza.
Otros republicanos prominentes también criticaron abiertamente la propuesta:
- El senador Jerry Moran, de Kansas, lo calificó de “asunto que no nos incumbe” y advirtió sobre la “desaparición de la OTAN”.
- La senadora Lisa Murkowski, de Alaska, dijo que Estados Unidos “debe ver a Dinamarca como un aliado, no como un activo, y centrarse en la colaboración continua en lugar de la posesión”.
- La senadora Joni Ernst, de Iowa, instó al Gobierno de Trump a ser “buenos socios de Dinamarca”.
- El representante Don Bacon, de Nebraska, declaró a Jake Tapper, de CNN: “Es inaceptable y espero que otros republicanos me apoyen y dejen claro a la Casa Blanca que esto está mal”.
La resolución para bloquear la invasión
El demócrata Ruben Gallego, de Arizona, está forzando una votación en el Senado presentando una resolución para bloquear una invasión militar estadounidense de Groenlandia antes de que se produzca. Aunque intentos similares para frenar los ataques de Trump contra barcos de supuestos narcotraficantes y su ataque a Venezuela fracasaron, Groenlandia presenta dinámicas más complejas. El senador Lindsey Graham, de Carolina del Sur, sin embargo, predice categóricamente que el Congreso, controlado por los republicanos, no hará nada para limitar los poderes de guerra de Trump en ningún caso.
La oposición pública es significativa. Una encuesta de Reuters-Ipsos realizada en marzo mostró que los estadounidenses se oponen a la adquisición de la isla por márgenes de hasta 49 puntos. Solo el 13 % de los encuestados quería siquiera presionar a Dinamarca para que vendiera Groenlandia.
La crisis existencial de la OTAN y la parálisis europea
Groenlandia, la isla más grande del mundo (seis veces más grande que Alemania), es un territorio autónomo bajo control de Dinamarca, un aliado de la OTAN. La amenaza de una adquisición unilateral corre el riesgo de inflamar gravemente la alianza militar occidental, llevando al bloque a un dilema existencial.
El presidente Trump, quien regresó a Washington el 4 de enero de 2026 tras ordenar la captura de Maduro, insistió en su argumento: Groenlandia es “tan estratégica ahora mismo, que está repleta de barcos rusos y chinos. Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional y Dinamarca no va a poder hacerlo”. Dinamarca refuta esta última afirmación.
¿Amenaza a un aliado de la OTAN?
El tratado de la OTAN obliga a los países miembros a considerar un ataque contra uno de ellos como un ataque contra todos (Artículo 5). Si bien existe el entendimiento de que el Artículo 5 no se aplica a un ataque entre dos miembros (como en el conflicto entre Turquía y Grecia por Chipre en 1974), la situación de Groenlandia es la provocación más grande de Trump hasta la fecha contra un aliado.
Dinamarca, que actualmente tiene una base militar estadounidense en Groenlandia (aunque el número de efectivos se redujo de 10.000 a unos 200), ha invertido recientemente US$4.000 millones en la defensa de Groenlandia. Copenhague advierte que si la administración Trump se apropia de Groenlandia de forma unilateral, significará el fin de la alianza de defensa transatlántica.
La debilidad y división de Europa
La tensión política aumentó entre Washington y Copenhague justo después de la reunión de la “Coalición de los Dispuestos” en París, donde líderes europeos buscaban mantener el apoyo estadounidense para Ucrania. La primera ministra de Dinamarca, Mette Federiksen, aliada clave de la Unión Europea (UE), estuvo presente en la reunión.
El ataque militar a Venezuela complicó la posición europea, pues debían salvaguardar la soberanía de Ucrania contra Rusia mientras Estados Unidos amenazaba activamente la soberanía de Dinamarca.
Seis grandes potencias europeas, entre ellas Reino Unido, Francia y Alemania, emitieron una declaración conjunta el 7 de enero al margen de las conversaciones sobre Ucrania. Afirmaron que la seguridad en el Ártico debe lograrse colectivamente, junto con los aliados de la OTAN, y que corresponde exclusivamente a Dinamarca y Groenlandia decidir sobre los asuntos que les conciernen.
Otras reacciones individuales incluyen:
- El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, quien declaró el 5 de enero que solo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir el futuro de la isla.
- El presidente francés, Emmanuel Macron, visitó Groenlandia en diciembre en un gesto de solidaridad con Copenhague.
- El canciller alemán, Friedrich Merz, ha dicho algo similar en el pasado.
Sin embargo, el comunicado conjunto de los seis carecía notablemente de crítica directa a Estados Unidos, lo que subraya la fragilidad del bloque. Camille Grand, exsecretario general adjunto de Inversión en Defensa de la OTAN (2016 a 2022) y miembro del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), lamentó que no se emitiera una declaración conjunta de los 27 socios de la UE, más Reino Unido, lo que habría enviado un mensaje contundente a Washington.
Un funcionario de la UE, bajo condición de anonimato, reconoció: “Toda esta situación ha subrayado, una vez más, la debilidad fundamental de Europa frente a Trump”. Esta debilidad ya se había manifestado en el incumplimiento de usar activos estatales rusos congelados para financiar a Ucrania y en la decisión de no tomar represalias cuando EE.UU. impuso aranceles del 15% a los productos de la UE el año pasado.
Julianne Smith, embajadora de Estados Unidos ante la OTAN hasta la reelección de Trump, advirtió que la situación “corre el riesgo de romper la UE”, además de representar un dilema existencial para la OTAN. Smith recomendó que las principales potencias europeas deben empezar a planificar contingencias y considerar ideas audaces e innovadoras como nuevos pactos de defensa. La franqueza de Trump ha puesto a los líderes europeos extremadamente nerviosos, forzándolos a intentar controlarlo para salvaguardar las relaciones bilaterales, en lugar de arriesgarse a una confrontación directa.

