La llamada telefónica de 15 minutos sostenida el 13 de enero de 2026 entre la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, abordó la cooperación bilateral en el combate a la inseguridad y el tráfico de drogas. Este encuentro se produce en un clima de alta tensión continental, llevando al embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, a declarar que la relación actual es la “más cooperativa y mutuamente beneficiosa de las últimas décadas.”
Evaluación diplomática tras la comunicación binacional
El diálogo entre los líderes, ocurrido el lunes 12 o 13 de enero de 2026, tuvo lugar después de varios días marcados por la presión ejercida por el mandatario estadounidense para intervenir militarmente en territorio mexicano. Horas después de la comunicación, el embajador Ronald Johnson utilizó sus redes sociales para emitir un comunicado oficial sobre el estado de la diplomacia binacional.
Johnson fue categórico al señalar que, tras un año de gestión de la relación México-Estados Unidos, esta era la más fructífera en décadas. El funcionario estadounidense añadió: “Aún queda mucho por hacer, pero juntos podemos construir un futuro más brillante para nuestros pueblos.”
México descarta intervención armada y defiende la soberanía
La tensión aumentó luego de que Donald Trump reiterara en varias ocasiones que México está controlado por los carteles y lanzara la posibilidad de efectuar ataques armados contra estos grupos delictivos en suelo mexicano.
La postura de México se ha mantenido firme en los meses recientes, priorizando la bandera de la no injerencia y el respeto a la soberanía de cada país. La presidenta Sheinbaum, por su parte, aseguró tras su conversación con Trump que cualquier intervención ilegal de Washington en México quedaba “completamente descartada.”
Desde Palacio Nacional, durante su habitual conferencia matutina, la presidenta Sheinbaum articuló los tres puntos fundamentales de la política exterior mexicana en este contexto:
- “El pueblo de México tiene que saber, primero, que su presidenta nunca va a negociar la soberanía ni la integridad territorial. Jamás.”
- “Segundo, que buscamos coordinación sin subordinación, como iguales.”
- “Y tercero, que esto es permanente.”
El contexto continental: la intervención en Venezuela
La llamada entre Sheinbaum y Trump se enmarcó en un momento de fuertes disturbios geopolíticos, especialmente tras la intervención de Washington en Venezuela el pasado 3 de enero. Esta operación resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro por autoridades estadounidenses.
Las tensiones entre Washington y Caracas se habían intensificado meses antes de la detención de Maduro. El Gobierno de Trump había realizado diversos ataques contra supuestas narcolanchas en el Caribe, justificándolos como parte de su lucha contra el narcotráfico. Además, se había ordenado el “bloqueo total de los petroleros sancionados” que entraban y salían de Venezuela.
El proceso judicial de Nicolás Maduro
Tras la detención, la fiscal general estadounidense, Pam Bondi, adelantó en redes que Nicolás Maduro sería juzgado por conspirar para inundar Estados Unidos de cocaína, acusación que data desde sus primeros pasos en el Gobierno. El 5 de enero, Maduro se declaró inocente ante el tribunal federal de Nueva York.
El papel mediador de la presidenta Sheinbaum
Ante las grandes tensiones entre los dos países americanos, la presidenta Sheinbaum buscó posicionar a México como un actor mediador clave. Primero, realizó un llamamiento explícito a Naciones Unidas para que actuara en la crisis. Posteriormente, ofreció el territorio mexicano para una posible negociación entre las partes involucradas.
A pesar de los desafíos y las amenazas de intervención, el reconocimiento del embajador Ronald Johnson subraya un esfuerzo diplomático para mantener la estabilidad regional. La administración mexicana, no obstante, mantiene la línea de que la coordinación debe ocurrir siempre “sin subordinación,” poniendo a prueba la resistencia de esta cooperación recién celebrada.

