Un reportaje exhaustivo, fruto de tres años de investigación periodística, ha destapado las graves acusaciones contra el cantante Julio Iglesias. Dos exempleadas de sus mansiones en el Caribe relatan un ambiente de control absoluto, humillación y supuestas agresiones sexuales cometidas en 2021, redefiniendo la percepción pública de la superestrella.
La investigación: un patrón de abuso y aislamiento
La investigación fue publicada por elDiario.es en colaboración con Univisión Noticias, tras un trabajo de más de tres años. Los testimonios clave corresponden a una empleada del servicio doméstico y una fisioterapeuta que laboraron en las residencias de Julio Iglesias en República Dominicana y Bahamas (específicamente en Punta Cana y Lyford Cay).
El alcance de la investigación incluye contactos con 15 exempleadas que trabajaron para el cantante entre los años 1990 y 2023 en sus propiedades de República Dominicana, Bahamas y España.
Los testimonios coinciden en describir un ambiente laboral marcado por:
- Un clima de miedo constante.
- Normas estrictas y vigilancia permanente.
- Amenazas de despido.
Las trabajadoras vivían en condiciones de aislamiento, con salidas restringidas y jornadas laborales que podían prolongarse hasta 16 horas. Varias exempleadas señalaron que Julio Iglesias utilizaba su posición de poder para imponer reglas estrictas sobre la alimentación, el uso del teléfono móvil o las relaciones personales.
El sistema de selección de personal y la estructura de coacción
Según la investigación, los testimonios de las antiguas empleadas describen un sistema de selección de personal singular. Durante el primer intercambio de información se les solicitaba fotografías de cara y cuerpo entero, y la contratación se pactaba incluso sin entrevista personal.
Al poco tiempo de estar allí, según dos de los testimonios, Julio Iglesias las sometía a preguntas íntimas, como:
- “¿Te gustan las mujeres?”
- “¿Te gustan los tríos?”
- “¿Te has operado los pechos?”
En algunos casos, el artista les pedía ver los senos o los tocaba, con el pretexto de comprobar cómo había quedado la cirugía de aumento de pecho o para evaluar si debían realizársela. Durante estas conversaciones, también les hacía proposiciones sexuales, según el relato de estas mujeres y otros testigos.
La jerarquía interna como facilitadora
Señalan que existían dos categorías de empleadas: el servicio doméstico y las profesionales especializadas (como fisioterapeutas o acompañantes). Por encima de ellas se encontraban las encargadas, quienes manejaban los asuntos del hogar y ejecutaban las órdenes de Iglesias.
Según uno de los relatos, estas encargadas instaban o pedían a las empleadas del servicio doméstico que acudieran a la habitación del cantante, sugiriendo que los hechos ocurrían supuestamente con el conocimiento de las mujeres encargadas de la gestión del hogar y la contratación del personal.
Los testimonios directos de 2021: servicio doméstico y fisioterapeuta
Dos mujeres refirieron agresiones sexuales específicas que ocurrieron en 2021, cuando la más joven de ellas tenía 22 años y Julio Iglesias tenía 77 años. Sus declaraciones han sido contrastadas con pruebas documentales, como fotografías, registros de llamadas, mensajes de WhatsApp, visados e informes médicos.
El relato de la empleada doméstica
Una de las denunciantes asegura que fue presionada para mantener encuentros sexuales con el cantante. Según su testimonio, era llamada con frecuencia a su habitación tras finalizar su jornada laboral, donde describe:
- Penetraciones no consentidas.
- Bofetadas y vejaciones físicas y verbales.
“Me usaba casi todas las noches”, sostuvo en una entrevista con elDiario.es y Univisión Noticias, y añadió: “Me sentía como un objeto, como una esclava”.
Estos episodios se producían, casi siempre, con la presencia y participación de otra empleada que ocupaba un puesto jerárquicamente superior.
La experiencia de la fisioterapeuta
La segunda mujer, que trabajaba como fisioterapeuta personal del artista, aseguró haber sufrido besos forzados y tocamientos en el pecho en contra de su voluntad, tanto en la playa como en la piscina de la villa de Punta Cana.
Además de las agresiones, también denunció humillaciones públicas, insultos y un trato intimidatorio durante su jornada laboral, en un ambiente que las afectadas describen como de control y acoso continuo.
Las acusaciones detalladas y contrastadas documentalmente dibujan un panorama que va más allá del escándalo mediático. Subrayan cómo el aislamiento y el uso de estructuras jerárquicas internas pueden proteger patrones de conducta abusivos, planteando la pregunta: ¿cuántos casos similares permanecen ocultos tras el velo de la fama y el poder?

