Eduardo Salvador “N”, prófugo por 10 meses, fue capturado en Veracruz y posteriormente vinculado a proceso en Jalisco por el feminicidio de su expareja, Astrid Noemí Cruz (37), el homicidio de su hijo Fernando (16), y la tentativa de feminicidio contra su hija Isabella (9). La detención, ocurrida el 21 de enero de 2026 en un centro comercial de la zona dorada de Veracruz, culminó una compleja búsqueda debido a que el acusado, un criminal reincidente, utilizó conocimientos tecnológicos e identidades falsas para evadir a las autoridades desde el crimen perpetrado en Zapopan el 3 de marzo de 2025.
El proceso legal avanza rápidamente. Tras una audiencia de casi cuatro horas en el Complejo Penitenciario de Puente Grande, Jalisco, el jueves 22 de enero, un juez dictó prisión preventiva de hasta dos años contra Eduardo Salvador “N”, poniendo bajo los reflectores la peligrosa reincidencia de un hombre que ya había cumplido condena por un feminicidio anterior en 2004.
La reincidencia criminal: El eslabón perdido del sistema de justicia
Lo que eleva la gravedad del caso Eduardo Salvador “N” es su largo historial de violencia feminicida. No era un perfil desconocido para las autoridades; de hecho, en 2004, confesó el asesinato de su entonces pareja, Martha Berenice, en Culiacán, Sinaloa. Por ese crimen, fue sentenciado a más de 24 años de prisión.
La crítica clave aquí radica en la laxitud del sistema: Eduardo Salvador “N” recobró su libertad en 2020, apenas cinco años antes de cometer el doble crimen en Zapopan. Para la familia, esta reincidencia subraya el fracaso de las medidas cautelares y la necesidad de que la justicia, esta vez, sea definitiva. Karla Cruz Casillas, hermana de Astrid, fue enfática al salir de la audiencia: “Lo que queremos es que nunca salga, como ya se lo permitieron salir hace tiempo”.
Crímenes imputados: Feminicidio, homicidio doloso y tentativa
El ataque ocurrido el 3 de marzo de 2025 dejó sin vida a Astrid y a su hijo Fernando, quienes fueron localizados dentro de su domicilio con golpes de martillo. La vinculación a proceso se concretó por tres delitos específicos:
- Feminicidio de Astrid (37 años).
- Homicidio doloso de Fernando (16 años).
- Tentativa de feminicidio contra Isabella (9 años).
La niña Isabella, quien sufrió una fractura de cráneo, sobrevivió al ataque y se ha convertido en una testigo clave. Francisco Armenta Acosta, expareja de Astrid y padre de los menores, confirmó la fortaleza de su hija, indicando que está dispuesta a declarar y que su recuperación es un “milagro de Dios”.
La cacería de 10 meses: Tecnología, identidades falsas y el rastro en Veracruz
La captura de Eduardo Salvador “N” fue el resultado de una investigación exhaustiva que requirió la coordinación entre la Fiscalía de Jalisco y la de Veracruz, tal como informaron la vicefiscal Elizabeth Canales y el fiscal de Jalisco, Salvador González de los Santos.
La complejidad de la búsqueda se debió a la habilidad del prófugo para ocultarse. Eduardo Salvador “N” no solo utilizaba otro nombre, sino que también había modificado su apariencia física. Además, contaba con conocimientos avanzados en temas de tecnología, lo que le permitió mantenerse oculto digitalmente y monitorear el desarrollo del caso.
La vicefiscal Elizabeth Canales detalló la magnitud de la investigación:
- Diligencias: Más de 100.
- Tomos de investigación: Siete.
- Análisis de video: Alrededor de 1,500 horas.
Inicialmente, las autoridades manejaron información de que el sospechoso podría haber huido al Estado de México o a Sinaloa. Sin embargo, el análisis avanzado de la evidencia permitió determinar que residía en el estado de Veracruz. González de los Santos precisó que en varias ocasiones se incursionó en la localidad para intentar localizarlo antes de concretar la detención el 21 de enero.
El impacto en la familia y la exigencia de justicia plena
La noticia de la detención y la posterior vinculación a proceso ha sido un alivio para los familiares, aunque el dolor por la pérdida permanece intacto. Francisco Armenta Acosta, el padre de Isabella, manifestó su alivio, esperando que “se haga justicia bien, para que no vuelva a salir y no vuelva a dañar a otra gente”.
Karla Cruz Casillas, la hermana de Astrid, relató el duro trance de la audiencia, describiendo al acusado como “cínico, descarado”, señalando que este se declaró inocente y jamás la volteó a ver durante el proceso. Su testimonio evidenció el profundo deseo de que el acusado pague por los crímenes cometidos, no solo contra Astrid y Fernando, sino contra Martha Berenice y “otras dos mujeres”, aludiendo a posibles víctimas adicionales o a la menor sobreviviente.
Isabella, la hija menor, es vista por su padre como una muestra de milagro y una fuente de fuerza. A pesar de las graves agresiones, se recuperó notablemente y ya piensa en su cumpleaños número 11 en febrero. “Es muy fuerte mi hija, me dice: ‘papá, qué bueno que se va a hacer justicia por mi hermano, por mi mamá’”, relató Armenta, quien insiste en que su hija está en condiciones de declarar ante el órgano jurisdiccional.
El caso de Eduardo Salvador “N” en Jalisco no solo representa el cierre parcial de una herida para una familia devastada, sino que también pone en tela de juicio la efectividad de las sentencias y los sistemas de monitoreo para criminales reincidentes de alto riesgo en México. La prisión preventiva marca un tiempo necesario para que la Fiscalía construya un caso hermético, cumpliendo con la expectativa social de que un individuo con este patrón violento no deba volver a pisar la calle.

