Los presidentes Vladímir Putin y Xi Jinping reafirmaron su asociación estratégica el 4 de febrero de 2026, consolidando un frente común contra la presión de Estados Unidos. Esta coordinación geopolítica se centró en dos ejes clave: el elogio de sus lazos bilaterales antes del cuarto aniversario de la guerra en Ucrania y el compromiso explícito de mantener la cooperación económica y política con las naciones presionadas de Venezuela y Cuba. Este desafío directo a las políticas de Donald Trump subraya el papel de la relación Moscú-Pekín como un factor de estabilización percibido en la creciente turbulencia mundial.
El análisis de la reciente actividad diplomática entre Rusia y China, revelado durante su videoconferencia de este miércoles, muestra una estrategia coordinada para contrarrestar la influencia estadounidense en regiones consideradas sensibles por Washington: América Latina, Oriente Medio y Europa del Este.
El frente geopolítico del eje Moscú-Pekín
La coordinación de los líderes ruso y chino se hizo patente ante las acciones agresivas de Estados Unidos en varios frentes. Yuri Ushakov, asesor presidencial ruso, informó que Putin y Xi Jinping compartieron sus enfoques y se expresaron “a favor de mantener el nivel de cooperación con Caracas y La Habana alcanzado por nuestros países”.
Compromiso de cooperación en América Latina (Cuba y Venezuela)
Rusia y China han rechazado de forma categórica la postura de Estados Unidos hacia los líderes socialistas de la región. El desafío se produce en un momento de alta tensión, específicamente después de la captura del líder venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa a principios de año, el 3 de enero. Además, Washington declaró a Cuba un peligro para su seguridad nacional.
En contraste con las sanciones y restricciones impulsadas por Donald Trump, Moscú y Pekín condenaron:
- El embargo estadounidense de más de seis décadas contra Cuba.
- Las recientes restricciones impuestas por EE. UU. que buscan impedir los suministros de crudo a la isla caribeña.
- La captura de Nicolás Maduro.
Tensión en Oriente Medio: el factor Irán
La situación en torno a Irán también ocupó un lugar especial en la agenda de la reunión. Vladímir Putin informó a Xi Jinping sobre su encuentro previo con el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Alí Larijani, celebrado en el Kremlin el pasado 30 de enero.
Irán se enfrenta a presiones directas de Estados Unidos, que ha amenazado con ataques militares si el país persa no renuncia a su programa nuclear. Además, Donald Trump había enviado fuerzas navales a aguas cercanas a Irán para presionar a Teherán, una nación que actualmente atraviesa protestas masivas. Rusia y China expresaron públicamente su apoyo a Teherán en este contexto de hostilidad.
La consolidación estratégica: relación “sin límites”
La videoconferencia del 4 de febrero de 2026 tuvo lugar en vísperas del cuarto aniversario de la guerra de Moscú en Ucrania (febrero de 2022). Este timing estratégico sirvió para que ambos mandatarios elogiaran públicamente sus lazos bilaterales.
El presidente ruso, Vladímir Putin, sostuvo que la relación entre Moscú y Pekín constituye un importante factor de estabilización en un momento de creciente turbulencia mundial. Por su parte, el presidente chino, Xi Jinping, solicitó a los países la elaboración de un “gran plan” para impulsar las relaciones bilaterales, las cuales, según él, avanzan en la dirección correcta.
Esta alianza se formalizó como una “asociación estratégica sin límites” días antes de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. Desde entonces, China ha desempeñado un papel clave para Rusia al intensificar el comercio y servir de salvavidas económico ante la imposición de sanciones occidentales.
Las acusaciones de apoyo militar a la guerra
Ucrania y Europa han acusado a Pekín de proporcionar ayuda militar directa a la campaña bélica de Rusia. Xi Jinping y Putin se reunieron por última vez en Pekín en septiembre, durante un desfile militar al que también asistió el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. En esa reunión, Xi Jinping afirmó que las relaciones habían “resistido las turbulencias internacionales” y se comprometió a coordinarse con Moscú en cuestiones relacionadas con sus intereses fundamentales.
A pesar de las acusaciones, Pekín niega firmemente haber proporcionado ayuda militar y sostiene que no forma parte del conflicto ucraniano. El Ministerio de Asuntos Exteriores chino informó que el martes, altos diplomáticos de ambos países se reunieron en Pekín para debatir la situación de la seguridad mundial, alcanzando un “amplio consenso”.
La negativa cubana a negociar con Estados Unidos
Mientras Rusia y China reiteran su apoyo a La Habana, Carlos Fernández de Cossio, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, desmintió que su gobierno esté diseñando una mesa de negociación con Estados Unidos.
Esta declaración contrasta directamente con los comentarios de Donald Trump, quien aseguró en varias ocasiones que su administración mantiene una negociación con el gobierno cubano, incluso a alto nivel.
Fernández de Cossio afirmó que tras la captura de Nicolás Maduro, el 3 de enero, se han intercambiado mensajes con el Gobierno de Estados Unidos, pero estos no buscan diseñar una negociación bilateral. El viceministro fue claro al negar que el diálogo se haya siquiera iniciado y negó la posibilidad de contactos indirectos a través de intermediarios como México o El Vaticano. Estados Unidos, según De Cossio, “conoce perfectamente bien cuál es la posición de Cuba en disposición a sostener un diálogo y no lo ha rechazado”.
El eje Moscú-Pekín ha transformado su “asociación sin límites” en una política exterior de desafío global palpable. ¿Hasta qué punto la coordinación en Ucrania, Irán, Venezuela y Cuba está reconfigurando las alianzas occidentales, forzando a Estados Unidos a dividir su atención y recursos estratégicos?

