El escenario legislativo en México ha dado un giro inesperado este 25 de febrero, marcando lo que muchos analistas consideran el primer gran desafío de cohesión interna para la actual administración. Al confirmarse que la Reforma electoral: El arriesgado pulso de Sheinbaum frente a sus aliados ya está en manos del Congreso, se hace evidente una estrategia de “firmeza total” por parte del Ejecutivo. A diferencia de otros procesos donde el consenso se tejía en lo privado antes de la presentación oficial, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por lanzar la iniciativa sin contar con el aval previo del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y del Partido del Trabajo (PT), situando a sus socios políticos en una posición de definición inmediata.

La ruptura del protocolo de consenso
Históricamente, las grandes reformas constitucionales en México han requerido de una “operación cicatriz” o de acuerdos preventivos para asegurar la mayoría calificada. Sin embargo, los reportes desde la Cámara de Diputados indican que las negociaciones se estancaron debido a puntos que los aliados consideran innegociables: la reducción del financiamiento ordinario y la posible eliminación de la transferencia de votos, elementos que son vitales para la subsistencia de los partidos con menor representación.

Al enviar la reforma bajo este clima de incertidumbre, la Presidenta traslada la presión social y política directamente a las bancadas aliadas. El mensaje es implícito pero contundente: el compromiso con la transformación del sistema democrático debe estar por encima de los intereses particulares de cada sigla partidista. Esta postura ha generado una parálisis momentánea en el bloque oficialista, donde los coordinadores parlamentarios buscan ahora una salida que no implique un voto en contra que fracture la coalición.
El Senado como la “Cámara de la Mediación”
Mientras en la Cámara de Diputados el ambiente es de confrontación, en el Senado de la República la narrativa es distinta. El Presidente de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) ha salido al paso para informar que, si bien la iniciativa ha llegado, en la Cámara Alta ya se “afinan detalles”. Esta declaración es crucial para entender la dinámica del poder actual: el Senado se está posicionando como el espacio de contención donde se buscará rescatar el consenso perdido en la etapa de formulación.
Afinar estos detalles significa, en términos reales, la posibilidad de realizar modificaciones técnicas que suavicen el impacto de la reforma en los partidos minoritarios sin traicionar la esencia de la “austeridad republicana”. El objetivo de la JUCOPO es garantizar que, para cuando el dictamen llegue al pleno, las dudas del PVEM y el PT hayan sido despejadas o, al menos, compensadas con otros acuerdos políticos. Para seguir el rastro de estos acuerdos y la normativa vigente, es fundamental consultar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Los pilares que dividen la opinión
La reforma planteada no es cosmética; busca una reingeniería del sistema que ha regido al país por décadas. Los puntos de mayor fricción que están siendo analizados por el equipo técnico del Senado incluyen:
- La elección popular de autoridades electorales: Un cambio drástico que busca que tanto consejeros del INE como magistrados del Tribunal Electoral sean elegidos en las urnas, un punto que la oposición y sectores aliados ven con reserva técnica.
- Reducción drástica del presupuesto: La eliminación del financiamiento para actividades ordinarias fuera de los procesos electorales, lo que obligaría a los partidos a depender de sus militantes.
- Representación Proporcional: La propuesta de reducir o eliminar las listas plurinominales, lo cual reduciría el tamaño del Congreso pero también la voz de las minorías.
Para contrastar estos cambios con el funcionamiento actual de nuestra democracia, se puede revisar el portal del Instituto Nacional Electoral, donde se detallan las funciones que hoy están bajo la lupa de la reforma.
El reto de la mayoría calificada
El cálculo político es complejo. Morena y sus aliados necesitan dos terceras partes de los votos para reformar la Constitución. Si el PVEM y el PT deciden mantener su postura de no avalar la iniciativa, el proyecto de Sheinbaum podría quedar estancado, lo que representaría un revés político considerable. No obstante, la confianza del liderazgo morenista en el Senado sugiere que confían en que el peso de la opinión pública y la negociación de “último minuto” terminarán por alinear a los aliados.
Para Noticias Activas, este episodio refleja que la gobernabilidad en 2026 ya no se basa en la obediencia ciega, sino en un complejo sistema de pesos y contrapesos incluso dentro del mismo bloque gobernante. La transparencia en este proceso es vital; la ciudadanía debe conocer no solo el contenido de la reforma, sino quiénes y por qué están deteniendo o impulsando su aprobación.
Conclusión: Un futuro electoral en construcción
La Reforma electoral: El arriesgado pulso de Sheinbaum frente a sus aliados es apenas el inicio de un debate que consumirá la agenda legislativa de los próximos meses. La decisión de avanzar sin el consenso total es un recordatorio de que la política es, ante todo, una lucha de voluntades. Mientras el Senado trabaja en la “filigrana legislativa” para salvar la coalición, el país observa atento un proceso que podría cambiar para siempre la forma en que elegimos a nuestros representantes.
La moneda está en el aire, y el desenlace dependerá de la capacidad de Morena para convencer a sus socios de que el costo de la transformación es necesario para el fortalecimiento de la democracia mexicana.
Para esta y más información en Noticias Activas, mantenemos el pulso de la información en movimiento. 📲

