El oro y la plata experimentaron su mayor corrección en tres años, con el oro cayendo 5% y la plata 6.9%, respectivamente. Este desplome se debió a la significativa apreciación del Dólar Index (DXY) hasta un máximo de 3.5 meses (105.74 unidades), junto con la reafirmación de la postura de tasas altas por más tiempo de la Reserva Federal (Fed), impulsada por datos de inflación de Estados Unidos más “calientes” de lo esperado.
La narrativa de refugio seguro para los metales preciosos se desintegró rápidamente ante un dólar que recuperó su rol de activo de reserva dominante. Los datos macroeconómicos de Estados Unidos redujeron drásticamente las expectativas sobre los recortes de tasas, impactando directamente el costo de oportunidad de mantener activos que no rinden intereses.
La magnitud del desplome y el rol dual de la plata
El mercado presenció una ola de ventas que no se veía desde hace tres años. El futuro más activo del oro cayó un 5.0%, pasando de cotizaciones cercanas a los US$ 2,341.20 a un rango bajo de US$ 2,228.40. La onza troy de oro cerró específicamente en US$ 2,238.90, confirmando la reversión de la tendencia alcista que había marcado el inicio del año.
La plata, considerada a menudo el hermano menor volátil del oro, fue el metal más afectado. La caída alcanzó el 6.9%, aunque otras fuentes la situaron cerca del 7%, cotizando a US$ 26.65 por onza troy y cerrando en US$ 26.54. Este nivel de corrección demuestra la sensibilidad de los metales preciosos a los movimientos del dólar y a los cambios en la política monetaria.
Comparativa del impacto semanal en los metales y el dólar
La siguiente tabla detalla la severidad de la corrección en activos clave, un reflejo directo de las expectativas monetarias y la disminución del riesgo geopolítico.
El factor decisivo: La tesis ‘Higher for Longer’ de la Fed
El motor principal de este cambio repentino fue la convergencia de dos factores de peso en Estados Unidos: datos de inflación más altos de lo previsto y una reducción simultánea en la aversión al riesgo global.
La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) ha mantenido un discurso de cautela, pero los datos recientes obligaron al mercado a recalibrar sus proyecciones. El Índice de Precios al Productor (IPP) anual subió al 2.2%, superando el 2.1% que había anticipado el consenso económico. Este dato “caliente” (junto con el IPC) solidificó la idea de que la inflación es más persistente de lo que se creía.
El mercado respondió de forma contundente: las expectativas de recortes de tasas para 2024 se redujeron, pasando de dos posibles movimientos a solamente uno. Esto es clave porque los metales preciosos no ofrecen rendimiento por sí mismos. Cuando las tasas de interés son altas, aumenta el costo de oportunidad de mantener oro o plata en lugar de bonos o cuentas bancarias que ahora ofrecen rendimientos atractivos.
El aumento de las tasas en Estados Unidos y la consecuente fortaleza del dólar actúan como un doble castigo para el oro, que tradicionalmente se beneficia de entornos de tasas bajas.
Desescalada geopolítica y el impacto en otros mercados
Junto con el ajuste monetario, la disminución de la tensión en Medio Oriente actuó como un catalizador para la salida de capitales del oro. Gran parte de la reciente subida del metal amarillo se había atribuido a su función como activo refugio ante el conflicto regional. Al reducirse el riesgo geopolítico, desaparece parte de la prima de riesgo incorporada en el precio.
Esta misma dinámica se reflejó en otros mercados de materias primas. El cobre, por ejemplo, registró una caída del 0.9%, cotizando a US$ 4.5325 la libra. Aunque el cobre está más vinculado a la demanda industrial que a la política monetaria, la fortaleza generalizada del dólar ejerce una presión descendente sobre todas las materias primas denominadas en la divisa estadounidense.
El mercado de deuda también sintió el impacto de la revisión de expectativas. El rendimiento del Bono del Tesoro a 10 años escaló 10 puntos base, cerrando en 4.545%. Un aumento en el rendimiento de los bonos es una señal clara de que los inversores esperan que las tasas de interés se mantengan elevadas, una tendencia directamente opuesta a lo que necesitan los metales preciosos para florecer.
Advertencia crítica: ¿Noviembre como fecha límite para la Fed?
La perspectiva hacia adelante subraya la fragilidad del reciente repunte de los metales. Firmas de análisis financiero, como JP Morgan, han emitido proyecciones sombrías respecto al calendario de la Reserva Federal.
La visión de JP Morgan es que la Fed no iniciará el ciclo de recortes de tasas hasta noviembre, una proyección que extiende significativamente el periodo de tasas altas. Si esta previsión se materializa, el oro y la plata continuarán enfrentando un viento en contra considerable debido a que la fortaleza del dólar podría sostenerse durante la segunda mitad del año.
La tesis de que “el oro y la plata se benefician de tasas bajas” sigue siendo el principio rector del mercado de metales. Los inversores deben considerar que, mientras el dólar siga ganando terreno (DXY por encima de 105) y la inflación no ceda lo suficiente como para forzar la mano de la Fed, cualquier repunte en los metales preciosos se verá limitado por el alto costo de oportunidad.

