El fin de los envíos de petróleo mexicano a Cuba ha escalado a un conflicto diplomático abierto, no solo por sus implicaciones energéticas en la isla, sino por la disputa sobre la soberanía de la decisión. El 1 de febrero de 2026, Donald Trump confirmó que él mismo solicitó a la presidenta Claudia Sheinbaum la detención de estos suministros, una afirmación que la mandataria mexicana contradice tajantemente, aclarando que nunca existió tal conversación.
La disputa se centra en si la suspensión fue el resultado de una presión directa ejercida por Washington, acatada por la administración de Sheinbaum, o si se trató de una “decisión soberana”, como México ha sostenido desde el principio. Esta controversia subraya la tensión geopolítica que ejerce Estados Unidos mediante sanciones económicas, buscando forzar un “trato” con La Habana a cambio de estabilidad energética.
El choque de narrativas sobre el bloqueo petrolero
Mientras volaba en el Air Force One con destino a Palm Beach, Florida, el presidente Trump ofreció una versión que coloca a la presidenta Sheinbaum como receptora directa de una orden ejecutiva.
Trump celebró la acción de México, diciendo que él fue quien pidió a Sheinbaum que dejara de mandar petróleo a Cuba. “La presidenta de México, la presidenta Sheinbaum, fue muy buena. Le dije: ‘no queremos que envíen más petróleo allá’, y no está enviando nada”, aseguró Trump. Este comentario se produjo después de que la mandataria mexicana advirtiera sobre una posible crisis humanitaria en Cuba generada por el bloqueo.
Sin embargo, esta narrativa de Washington se enfrenta a dos desmentidos de la administración mexicana:
- La Soberanía: El pasado 27 de enero, Sheinbaum había asegurado que el cese de los envíos de crudo respondía a una “decisión soberana” de México, desvinculando la acción de cualquier presión externa.
- La No-Conversación: Adicionalmente, la presidenta Sheinbaum aclaró que en ningún momento sostuvo una conversación con Donald Trump específicamente sobre la interrupción de los envíos de petróleo a Cuba, desmintiendo la narrativa del mandatario estadounidense de una petición y un acatamiento directo.
Cronología de las presiones de EE. UU.
La presión sobre Cuba y sus aliados se ha intensificado desde inicios del año 2026, con acciones claras destinadas a asfixiar económicamente a la isla y forzar una negociación directa con Washington.
El republicano subrayó que Cuba se encuentra en “una situación muy mala” porque anteriormente “vivían del dinero y del petróleo de Venezuela, pero nada de esto está llegando” desde que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
La estrategia de coerción económica se formalizó el 29 de enero, cuando Trump firmó una orden ejecutiva para imponer aranceles a cualquier país que suministre petróleo a la isla, una medida que el Gobierno cubano calificó de “fascista”.
Advertencia Geopolítica: El factor “trato”
Trump desestimó la posibilidad de una crisis humanitaria en la isla, albergando la confianza de que Cuba buscará un “trato” con Washington tras el anuncio de aranceles. “No tiene por qué haber una crisis humanitaria. Creo que probablemente vendrán a nosotros y querrían hacer un trato. Así que Cuba volverá a ser libre. Vendrán a nosotros y harán un trato”, afirmó el mandatario.
Estos comentarios de Trump se dieron en un contexto donde también se enfrentó a veteranos que protestaban por haber desestimado el papel de Dinamarca en Afganistán, insistiendo en que “combatimos codo a codo”.
Implicaciones y la respuesta de México
La medida de Estados Unidos supone una asfixia energética en la práctica para Cuba. Ante esta situación, y a pesar de la controversia sobre la supuesta petición de Trump, Sheinbaum anunció que México buscará “distintas alternativas” para continuar apoyando al pueblo cubano.
El conflicto revela cómo las herramientas económicas, como los aranceles y la amenaza de sanciones, se han convertido en el principal mecanismo para dictar las políticas exteriores de países cercanos, poniendo a prueba los límites de la soberanía de naciones como México. La tensión entre la “decisión soberana” mexicana y la presión explícita de Washington define el nuevo panorama de la política energética regional.

