Un hombre, identificado como Mark Anderson, de 36 años, fue arrestado en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn el 29 de enero de 2026, tras hacerse pasar por un agente del FBI e intentar liberar a Luigi Mangione, acusado del asesinato del director ejecutivo de UnitedHealthcare, Brian Thompson. Anderson se presentó con una supuesta orden judicial de excarcelación, portando un cortador de pizzas y un tenedor de barbacoas como armas, lo que subraya la dimensión cinematográfica y la inquietante fanaticada que rodea el caso Mangione.
La tragicomedia del asalto a la prisión de Brooklyn
Mark Anderson, residente de Mankato, Minnesota, fue detenido en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn a primera hora de la noche del miércoles. Anderson se identificó como agente de la agencia policial federal (FBI) y entregó a los funcionarios una supuesta orden firmada por un juez que decretaba la inmediata excarcelación de Luigi Mangione.
Los funcionarios solicitaron su documentación y, en lugar de credenciales del FBI, Anderson mostró su carné de conducir junto con varios documentos de quejas que había interpuesto ante el Departamento de Justicia. El auto judicial revela que Anderson aseguró estar “en posesión de un arma”. Sin embargo, el arsenal que llevaba en su mochila resultó ser una hoja redonda de acero, que no era otra cosa que un utensilio para cortar pizzas, y un tenedor largo, típico de barbacoas.
El corresponsal Francesc Peirón en Nueva York destacó el tono de “tragicomedia de género negro” que envuelve este nuevo incidente. Fuentes policiales confirmaron que Anderson se había mudado a Nueva York por una oportunidad laboral que fracasó, terminando por trabajar en una pizzería, lo que explica la peculiar “arma” que intentó introducir en el complejo penitenciario.
Luigi Mangione: el caso, la adulación y la amenaza de pena capital
Luigi Mangione, de 27 años, se declaró no culpable del asesinato a tiros de Brian Thompson, director ejecutivo de UnitedHealthcare, ocurrido en Times Square a finales de 2024. Este crimen ha generado una polarización extrema en Estados Unidos, trascendiendo la esfera criminal para convertirse en un tema de violencia política.
La admiración hacia Mangione, a quien algunos ven como una figura similar a Robin Hood, ha sido palpable. Ha atraído una base de simpatizantes significativa que le escriben cartas, le envían fotos y libros, se manifiestan en los juzgados y han recaudado más de un millón de dólares para su defensa legal.
La peligrosa narrativa de la violencia política
Los fiscales federales han utilizado esta adulación popular para sustentar la gravedad de los cargos. En agosto, los acusadores federales argumentaron que Mangione representa un peligro claro para la sociedad, ya que busca influir en otros para que sigan sus pasos.
Los representantes del ministerio público documentaron que: “El acusado confía en normalizar el uso de la violencia para alcanzar objetivos ideológicos y políticos”. Añadieron que “ciertos sectores, que abiertamente se identifican como acólitos del imputado, han empezado a ver el incremento de la violencia como algo aceptable, incluso necesario, como reemplazo de un debate político”. Esta narrativa de normalización del crimen político es la que causa terror y rechazo en gran parte de la población estadounidense.
En respuesta a la naturaleza premeditada y a sangre fría del crimen, la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, anunció el pasado abril que el gobierno perseguirá la pena capital contra Mangione.
Cronograma y competencia jurisdiccional
El proceso judicial contra Mangione es complejo, ya que afronta cargos tanto en la jurisdicción federal como en la corte estatal. Actualmente, existe una competencia sobre qué juicio debe celebrarse primero, añadiendo una capa de incertidumbre al procedimiento:
A esta disputa jurisdiccional se suman las tácticas defensivas de Mangione. A finales del año pasado, su abogado cuestionó la validez de pruebas clave, argumentando que la policía abrió la mochila del acusado, donde se encontraron elementos relevantes, sin haber obtenido una orden judicial previa.

