Príncipe William busca eliminar tradiciones navideñas reales “forzadas”

El Príncipe William choca con el Rey Carlos III y Catalina sobre las tradiciones navideñas. William busca eliminar la jerarquía en los regalos y el paseo público.

AL MOMENTO

El Príncipe William está impulsando una ambiciosa agenda de modernización que no excluye ni siquiera las costumbres más íntimas. Según expertos, el futuro monarca busca reformar las antiguas tradiciones navideñas de la realeza británica, enfrentándose a la resistencia del Rey Carlos III y buscando un enfoque más familiar e inclusivo.

La tensión de la modernización en las tradiciones navideñas

El comentarista real y locutor Neil Sean reveló que el Príncipe de Gales está decidido a eliminar lo que algunos consideran una obsoleta tradición navideña real una vez que ascienda al trono. Sean señaló que anualmente “los miembros de la realeza se sueltan el pelo y muestran su sentido del humor mientras se hacen un suave sarcasmo fuera de la mirada del dominio público”.

La tradición central de este debate gira en torno al intercambio de obsequios, una costumbre iniciada por la Reina Isabel II:

  •  Cada Nochebuena, se instala la famosa “mesa caballete”.
  •  La distribución de regalos se realiza dependiendo de la antigüedad o senirodad.
  •  Estos obsequios son regalos de broma (joke presents) valorados entre £1 y £5.

La propuesta de William sobre los regalos de broma

Según los informes, William quiere que la celebración sea “más orientada a la familia, menos formal y menos sobre la antigüedad”.

Aunque un informe reciente sugería que William quería deshacerse por completo de la costumbre porque la creía “forzada”, Neil Sean aclaró que el objetivo real del príncipe es diferente:

  •  Añadir mayor participación del personal del palacio, permitiendo que se mezclen con la familia.
  •  William se inspira en las reuniones informales organizadas por la familia de la Princesa Catalina, las cuales él disfruta.
  •  El Daily Mail reportó que a la pareja le gusta el “caos familiar” al abrir regalos, en contraste con el protocolo “más orquestado” de Sandringham.

Para relajar la costumbre y hacerla más inclusiva, Sean detalló la visión de William: la idea es usar un “enorme barril” para depositar todos los regalos, y los miembros de la familia simplemente “sumergirían la mano en el barril” para revelar de quién recibieron el presente.

Un desfile público que divide a los futuros monarcas

Otro ritual de larga data que está bajo discusión es el famoso paseo del Día de Navidad a la iglesia, una tradición que se realiza en Sandringham. Aunque es “bien recibido y amado por todos”, William piensa que también necesita una “revisión radical”.

El Príncipe William “no necesariamente le gusta estar en exhibición” en un día que él considera privado y sagrado. No obstante, entiende que el público desea ver a la familia real de manera informal.

Este punto, sin embargo, genera un conflicto interno:

  •  Rey Carlos III: El rey, de 77 años, favorece mantener el paseo, ya que considera importante interactuar con el público.
  •  Princesa de Gales: Según Neil Sean, la Princesa Catalina comparte la misma mentalidad que su suegro respecto a mantener el paseo, siendo esta un área de desacuerdo entre William y Catalina.

La rica historia de regalos “groseros” y el toque Middleton

La jerarquía, el gran obstáculo para el futuro rey

La experta en realeza británica Hilary Fordwich indicó que la principal molestia de William, de 43 años, es la “naturaleza jerárquica” en la distribución de los regalos. Fordwich explicó que el príncipe:

  • Rechaza el “orden jerárquico”.
  • No se siente cómodo con las rígidas distinciones de clase en general.

El futuro rey busca equilibrar la pompa monárquica con la modernización para mantener cierto grado de mística. Un ejemplo de su enfoque relajado es que el personal del Ducado de Cornualles ya no está obligado a usar corbatas durante sus visitas, y en Adelaide Cottage, permite que los niños corran libremente. Además, ya ha relajado los protocolos formales de reverencia y genuflexión obligatorias.

Richard Fitzwilliams, otro experto real, comentó que si la realeza no diera obsequios de broma, sería absurdo, pues la tradición es necesaria dado que la familia lo tiene todo.

Los obsequios más controvertidos de la familia real

El cofundador de True Royalty TV, Nick Bullen, confirmó que los regalos de Navidad son normalmente “bastante tontos”, con ejemplos como cojines de pedos (whoopee cushions) y juguetes de baño tontos, siendo la orden del día los presentes “ligeramente groseros, ligeramente divertidos, ligeramente al límite”.

La Reina Isabel II implementó la regla de los obsequios de broma precisamente porque la familia estaba bendecida con “riquezas y lujos inimaginables”, según Christopher Andersen, autor de The King.

Entre los regalos más notables que se han intercambiado se encuentran:

  •  El asiento de inodoro de Carlos III: Un obsequio de su hermana, la Princesa Ana. Era un asiento de inodoro de cuero blanco tapizado que, según Andersen, el Rey Carlos III todavía lleva consigo cuando viaja al extranjero.
  •  Los regalos de Harry a la Reina: El Príncipe Harry era el experto en elegir regalos “groseros” para su abuela. Le dio un gorro de ducha bordado con la frase “Ain’t Life a B—–” y un pez parlante “Big Mouth Billy Bass”.
  •  El regalo de William a Harry: El Príncipe William le obsequió a su hermano un kit “Cultiva tu propia novia” (aunque otros reportes sugieren que fue Catalina).
  •  El regalo de Ana a Felipe: La Princesa Ana (nombrada “La Reina de los Regalos” por Helena Chard) obsequió al difunto Príncipe Felipe un molinillo de pimienta con luz, considerado el regalo perfecto para el “Rey de las barbacoas”.
  •  El regalo de William a la Reina: El futuro rey regaló a la Reina Isabel II unas cómodas pantuflas con su imagen, lo cual la “hizo sentir cosquillas”.

La visión del Príncipe William para una monarquía más accesible y menos rígidamente jerárquica ya se manifiesta en su entorno de trabajo y, ahora, en las tradiciones más sagradas del calendario real. Mientras él busca integrar el “caos familiar” de los Middleton y diluir el orden de antigüedad en los regalos, la realeza se enfrenta a una pregunta inevitable: ¿hasta qué punto se puede modernizar la institución sin sacrificar la pompa y el misticismo que, irónicamente, la mantienen relevante ante el ojo público?

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Iliana Ruiz
Iliana Ruizhttps://noticiasactivas.com/
Directora Editorial, con más de 13 años de experiencia en marketing, comunicación estratégica y creación de contenidos, especializada en los sectores de Turismo y Economía. Ha liderado el desarrollo de estrategias editoriales orientadas al posicionamiento de marca, crecimiento de audiencias y generación de valor comercial, integrando análisis de mercado, storytelling y visión de negocio. Su experiencia abarca la planificación, producción y curaduría de contenidos multiplataforma, así como la coordinación de equipos creativos y la gestión de proyectos editoriales con enfoque en resultados, impacto y relevancia informativa.
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