La madrugada del viernes 9 de enero de 2026, la imagen paradisíaca del Caribe mexicano fue rota por la violencia. Un hombre fue asesinado a balazos en el acceso de un festival internacional de música electrónica en Tulum, un hecho que las autoridades buscaron minimizar para proteger la narrativa turística.
La recurrencia de la violencia en el caribe mexicano
El homicidio registrado en la zona de la avenida Kukulcán, en Tulum, se suma a una serie de episodios violentos que han puesto en entredicho la seguridad en uno de los principales destinos turísticos de Quintana Roo. El evento, catalogado como festival internacional, reunía a cientos de personas, la mayoría turistas extranjeros, y fue identificado con los nombres de “Themplo” y “Solomun Tulum”, realizado en el bar “Tehmplo”. El sitio se ubica en la Zona Costera de Tulum, específicamente en el cruce de la avenida Kukulcán con la carretera a Boca Paila.
La ejecución ocurrió durante las primeras horas del día, cuando el evento aún concentraba una multitudinaria asistencia.
Detalles del ataque y la escena del crimen
De acuerdo con la información preliminar, el ataque se caracterizó por ser directo, ejecutado por sicarios armados o un sujeto que sacó un arma de fuego en medio del multitudinario “rave” para luego darse a la fuga.
- Víctima: Un hombre (masculino) que fue identificado como trabajador temporal. Al momento del hallazgo, vestía una camiseta negra con el logotipo “Themplo”.
- Lesiones: El hombre recibió al menos dos impactos de bala: uno en el pecho y otro en la espalda, quedando sin vida en plena vía pública.
- Evidencia: Peritajes iniciales señalaron que en el lugar se realizaron al menos seis detonaciones con arma de fuego calibre 9 milímetros.
Respecto a la ubicación del cuerpo, existen múltiples reportes: algunas fuentes señalan que el cuerpo sin vida de la víctima fue localizado junto a los baños del inmueble; otras indican que fue hallado en el acceso principal del festival, y la Fiscalía General del Estado (FGE) lo situó en un camino de terracería, cerca de donde se desarrollaba el evento.
El patrón de la opacidad gubernamental
Tras el homicidio, se evidenció un intento de las corporaciones de seguridad por ocultar el hecho. El cuerpo permaneció tendido varios minutos mientras se intentaba controlar la escena y evitar que el suceso trascendiera. Las autoridades desplegaron un operativo discreto y evitaron emitir información inmediata.
Esta estrategia de minimizar lo ocurrido, bajo el argumento de no dañar la imagen del destino en plena temporada alta, se desmoronó cuando asistentes al festival y familiares comenzaron a publicar mensajes y difundir su preocupación en redes sociales. Esta presión obligó a las autoridades a reconocer el homicidio de manera indirecta.
Este intento de opacidad volvió a evidenciar la fragilidad de los esquemas de seguridad en eventos masivos y la prioridad gubernamental de cuidar la narrativa turística por encima del derecho a la información y la seguridad pública.
La obstrucción policial y la investigación
La Fiscalía General del Estado de Quintana Roo informó el inicio de una carpeta de investigación por el delito de homicidio calificado, en agravio del masculino. La FGE detalló que autoridades de los tres niveles de gobierno trabajan de manera coordinada para dar con los responsables de este ataque directo. Las autoridades enfatizaron que el ataque no puso en riesgo la seguridad de las y los asistentes al evento.
Sin embargo, las versiones iniciales del incidente señalan dificultades para la intervención policial:
- Impedimento de acceso: Agentes de la Policía Municipal no pudieron ingresar al lugar en el momento de los hechos, debido a la obstrucción por parte de la administración del sitio.
- Demora: Este retraso en el acceso de la Policía local habría retrasado la intervención de las autoridades y el inicio de las diligencias correspondientes.
La principal línea de investigación que analiza la FGE es la posible relación del hecho con actividades de narcomenudeo, sin que se descarten otras hipótesis. Al momento de los reportes, no se había informado de personas detenidas ni emitido un comunicado oficial con mayores detalles sobre la identidad de la víctima o el avance de las indagatorias.
Mientras el cuerpo permanecía tendido varios minutos en un intento por controlar la escena y evitar que el suceso trascendiera, la ejecución en Tulum no solo representó la pérdida de una vida, sino la confirmación de que la seguridad pública continúa siendo un elemento secundario frente a la necesidad de mantener la fachada de un destino turístico invencible. ¿Hasta qué punto puede sostenerse la promoción del Caribe mexicano cuando la violencia es una constante que irrumpe en los eventos más exclusivos?

