El "empate técnico" no es solo un dilema numérico; es un reflejo de la polarización extrema en Honduras, magnificada por la sombra de la corrupción y, ahora, por la amenaza de represalias internacionales. Mientras el CNE intenta finalizar el conteo, la pregunta persiste: ¿podrá el sistema electoral hondureño legitimar un resultado bajo esta presión, o la verdad de las urnas quedará sepultada bajo la sospecha?