Los cielos han entregado ya varios objetos no nacidos en nuestro sistema solar. El tercero de estos grandes misterios, conocido como 3I/ATLAS, está exhibiendo un comportamiento anómalo que recuerda al icónico ‘Oumuamua. Ante las crecientes irregularidades, el controvertido astrofísico Abraham (Avi) Loeb ha elevado su ranking en la métrica de clasificación que él mismo ideó.
La aceleración anómala y el enigma del 3i/Atlas
El objeto interestelar 3I/ATLAS está mostrando patrones que no se explican fácilmente por la simple gravedad ni por la desgasificación cometaria. Esto ha provocado que, para Avi Loeb, físico teórico de la Universidad de Harvard, haya una evidencia creciente de que el objeto podría ser una sonda o un artefacto artificial, en lugar de una simple roca.
La clave de esta elevación en la escala reside en el tipo de comportamiento que 3I/ATLAS está mostrando. Al igual que ‘Oumuamua, el objeto parece estar siendo impulsado por una fuerza misteriosa que no es el Sol.
- Si bien los críticos atribuyen el impulso a la desgasificación (hielo que se evapora), esta explicación se considera débil o incompleta debido a la falta de evidencia de una “cola” o coma en sus observaciones.
- El comportamiento errático sugiere, para Loeb y sus seguidores, una forma o densidad inusual. Interpretan esta característica como evidencia de un diseño ligero y artificial, como podría ser una vela solar, más que un cuerpo rocoso denso.
El cometa 3I/ATLAS ha sido fotografiado por observadores como Michael Jaeger de Austria y Mitsunori Tsumura (quien tomó una imagen el 22 de noviembre de 2025) y Paul Craggs (quien tomó una el 21 de noviembre de 2025).
La escala loeb: una métrica para las tecnofirmas
Ante la ausencia de una métrica universal para evaluar la probabilidad de vida o tecnología alienígena, Avi Loeb diseñó la Escala Loeb. Este es un sistema de clasificación para los fenómenos que presentan propiedades anormales, y está diseñada para evaluar la credibilidad de una afirmación sobre el descubrimiento de una “tecnofirma” (una firma tecnológica extraterrestre). Es conceptualmente similar a la Escala de Torino, la cual mide el riesgo de impacto de asteroides.
Que 3I/ATLAS vea su calificación elevada significa que, para Loeb, la evidencia que sugiere un origen artificial o al menos altamente inusual ha aumentado significativamente. Ya no se trata solo de un caso aislado, sino que múltiples líneas de datos apuntan a que el objeto desafía las explicaciones convencionales.
El ajuste de rumbo: ¿nave nodriza rumbo a júpiter?
El análisis más reciente, planteado por el propio Avi Loeb, se centra en una asombrosa coincidencia matemática que podría ser la prueba definitiva de que 3I/ATLAS ajustó finamente su trayectoria.
Loeb hipotetiza que 3I/ATLAS podría ser una nave nodriza diseñada para sembrar Júpiter con dispositivos tecnológicos. Para que este “jardinero interestelar” cumpla su propósito, necesita llegar dentro del radio de influencia gravitatoria de Júpiter, conocido como el radio de Hill (H).
Dentro de este radio, la gravedad de Júpiter prevalece sobre la del Sol y puede mantener ligados a orbitadores de baja velocidad. Los puntos de Lagrange L1 y L2, que son ideales para satélites tecnológicos, se encuentran dentro de este límite.
La coincidencia de una en 26,000
Según los cálculos, se prevé que 3I/ATLAS llegue a su distancia más cercana a Júpiter el 16 de marzo de 2026.
- Cálculo del Radio de Hill (H): La separación Júpiter-Sol (R) para esa fecha será de 783.8 millones de kilómetros. Sustituyendo los valores en la ecuación correspondiente (donde $m$ es la masa de Júpiter y $M$ es la masa del Sol), el radio de Hill de Júpiter se establece en: 53.502 millones de kilómetros.
- Cálculo de la Distancia Mínima (Mín{D}): La distancia del máximo acercamiento de 3I/ATLAS a Júpiter está calculada por el código JPL Horizons de la NASA. Estos datos se basan en la órbita recopilada por unos 230 observatorios e incluyen la aceleración no gravitatoria medida de 3I/ATLAS durante el perihelio. El pronóstico de la NASA es que el 16 de marzo de 2026, 3I/ATLAS llegará a la distancia mínima de: 53.445 (±0.06) millones de kilómetros.
Loeb señala que la casi coincidencia de estos números, que fue señalada a su atención por Steve Fairfax, es extraordinaria. Los valores de $H$ y $Mín\{D\}$ son idénticos dentro de una desviación estándar de 0.06 millones de kilómetros. Este margen de 0.06 de 53.5 millones de kilómetros corresponde a una coincidencia de una parte entre mil, pero considerando el diámetro completo de la órbita de Júpiter, esta coincidencia asciende a una parte entre 26,000.
La corrección de rumbo milimétrica
El valor medido de la aceleración no gravitatoria de 3I/ATLAS, adquirido durante el paso de un mes de duración cerca del perihelio, cambió el valor de $Mín\{D\}$ en un nivel de 0.1 millones de kilómetros.
En otras palabras, la aceleración no gravitatoria, que se informa fue de $5\times10^{-7}$ ua por día al cuadrado, introdujo una pequeña corrección de rumbo de exactamente la magnitud necesaria para llevar la distancia mínima de 3I/ATLAS desde Júpiter al valor del radio de Hill de Júpiter. De no haber ocurrido, 3I/ATLAS habría errado el borde de la esfera de Hill.
Loeb concluye que esto sugiere que el nivel de aceleración no gravitatoria fue ajustado finamente para resultar en $Mín\{D\}=H$ y llevar a 3I/ATLAS exactamente al radio de influencia gravitatoria de Júpiter.
Si el objeto es de origen tecnológico, podría haber ajustado su trayectoria con propulsores. Los múltiples ‘jets’ observados alrededor de 3I/ATLAS en sus imágenes posteriores al perihelio podrían haberse utilizado para la ligera corrección orbital necesaria. Cabe destacar que 3I/ATLAS llegó al perihelio mientras estaba oculto tras el Sol para los observatorios terrestres, por lo que se desconoce si simplemente maniobró o si también liberó dispositivos tecnológicos.
El golpe al ego cósmico
Si 3I/ATLAS llegase a depositar dispositivos dentro de la esfera de Hill de Júpiter, estos necesitarían encender sus motores para cancelar la alta velocidad del objeto en relación con Júpiter, que es de 65.9 kilómetros por segundo. Esto es significativamente mayor que la velocidad de escape del pozo de potencial gravitatorio de Júpiter en ese punto, que es de apenas 2.2 kilómetros por segundo.
Cualesquiera objetos nuevos que orbiten Júpiter tras el paso de 3I/ATLAS podrían ser identificados por la nave espacial Juno o por otros orbitadores de fabricación humana.
Para Avi Loeb, si no se encuentran artilugios similares cerca de la Tierra, esto podría ser decepcionante: no solo no estamos en el centro del sistema solar, sino que tampoco estaríamos en el centro de atención de nuestro vecindario cósmico. Esto asestaría un golpe a nuestro ego, similar a asistir a una fiesta donde a nadie le interesa bailar con nosotros.
Loeb propone una justificación histórica: la mayoría de las estrellas se formaron miles de millones de años antes que el Sol, y a 3I/ATLAS le llevaría mil millones de años atravesar el disco de la Vía Láctea. Júpiter, el planeta más grande del sistema solar, era visible para los remitentes cuando se lanzó la misión hace miles de millones de años, mientras que la especie humana llegó tarde a la fiesta, hace apenas unos pocos millones de años.
Prueba o especulación: la controversia científica
La propuesta de Loeb siempre ha generado un debate encendido en la comunidad científica. La mayoría de los astrónomos profesionales prefiere explicaciones naturalistas, argumentando que aún no se comprende completamente la física de estos objetos interestelares, que representan una clase de cuerpos celestes recién descubierta. La navaja de Ockham dicta que la explicación más simple (la natural) suele ser la correcta.
Sin embargo, Loeb sostiene que esta reticencia es anticientífica. Argumenta que el rigor científico exige considerar todas las hipótesis posibles, incluyendo la de la inteligencia extraterrestre avanzada, en aquellos casos donde la evidencia natural es insuficiente o contradictoria.
Con la recalificación de 3I/ATLAS, la Escala Loeb se consolida como un indicador de que algo inusual está sucediendo en las afueras de nuestro sistema. Este objeto, junto con ‘Oumuamua, continúa planteando la pregunta fundamental: ¿Somos los únicos en enviar tecnología avanzada a través de las galaxias? ¿El ajuste de rumbo en las inmediaciones de Júpiter fue una maniobra intencionada o una casualidad estadística? Por ahora, 3I/ATLAS sigue su camino, dejando a su paso una estela de dudas y avivando la llama de la especulación más fascinante.




