El Estatal Charro reunió en Puerto Morelos tradición, deporte y visitantes nacionales e internacionales, dejando sobre la mesa una reflexión: quizá llegó el momento de mirar más allá de las playas para diversificar la oferta turística de Quintana Roo.


PUERTO MORELOS, Q. Roo.— Quintana Roo ha aprendido como pocos destinos a venderle al mundo una imagen: arena blanca, mar turquesa y kilómetros de Caribe. Esa fórmula convirtió al estado en una potencia turística internacional.
Pero mientras todos miramos al mar, basta internarse unos kilómetros para descubrir que existe otro Quintana Roo que también tiene mucho que mostrar.
El pasado 1 y 2 de agosto, el lienzo charro de Ixtul, en Puerto Morelos, se convirtió en escenario de dos jornadas donde caballos, sombreros, reatas, destreza y tradición mexicana ocuparon el centro de atención con la celebración del Estatal Charro y el Estatal de Escaramuzas.
La entrada fue gratuita y en las gradas coincidieron familias quintanarroenses con visitantes nacionales y extranjeros, algunos de ellos frente a una experiencia muy distinta a la que habitualmente se promociona desde el Caribe Mexicano.
Y quizá ahí está una de las historias más interesantes que dejó el fin de semana.
Porque mientras Quintana Roo busca nuevas experiencias para diversificar su oferta turística, algunas de ellas llevan mucho tiempo ocurriendo frente a nosotros.




Mucho más que montar a caballo
Para quien llega por primera vez a un lienzo, una charreada puede resultar sorprendente.
La charrería es una disciplina reglamentada que exige entrenamiento, precisión, coordinación y una extraordinaria relación entre el charro y su caballo.
La jornada comienza con la cala de caballo, donde se demuestra el dominio sobre la cabalgadura mediante ejercicios específicos.
Después llegan los piales en el lienzo, donde la habilidad con la reata cobra protagonismo.
En el coleadero, una de las suertes más espectaculares para quienes desconocen esta tradición, el charro persigue a caballo a un bovino, lo toma por la cola y busca derribarlo dentro del área establecida.
El jineteo de toro lleva la adrenalina al ruedo, mientras que la terna vuelve protagonista a la reata mediante el lazo de cabeza y el pial, exigiendo coordinación entre los integrantes del equipo.
A ello se suman el jineteo de yegua, las manganas a pie y a caballo y, finalmente, una de las estampas más impactantes de la charrería: el paso de la muerte, donde el charro debe pasar de su caballo a una yegua en movimiento y mantenerse sobre ella.
Para quienes crecieron alrededor de la charrería son suertes conocidas.
Para un visitante extranjero que llegó a Quintana Roo buscando el Caribe, pueden convertirse en una experiencia difícil de olvidar.
Y eso también es turismo.
Tres Regalos Ixtul hace valer la casa
Las dos jornadas dejaron también campeones.
En el Estatal Charro, Charros de Tres Regalos Ixtul conquistó el primer lugar, haciendo valer la casa y quedándose con la máxima posición de la competencia.
El segundo puesto correspondió a Charros El Marqués A, mientras que Charros de Isla Mujeres consiguió el tercer lugar.
La competencia tuvo además un ingrediente deportivo importante al formar parte del camino que siguen los participantes dentro de la charrería organizada rumbo a las máximas competencias nacionales.
Pero durante el fin de semana el protagonismo no correspondió únicamente a los charros.
Las escaramuzas también brillaron en Ixtul
El Estatal de Escaramuzas regaló algunas de las imágenes más vistosas de las jornadas.
Escaramuza Hacienda Santa Isabel obtuvo el primer lugar; Escaramuza Campiranas conquistó la segunda posición y Escaramuza Soles de la Riviera alcanzó el tercer puesto.
Durante el Estatal Charro se presentó además la Escaramuza Monumental de María José, sumándose al espectáculo ecuestre vivido en Ixtul.
Las escaramuzas combinan velocidad, precisión, sincronización y dominio del caballo. Sus integrantes realizan evoluciones ecuestres mientras portan la vestimenta tradicional que distingue a esta disciplina.
Para el público extranjero, especialmente, la escena concentra en unos cuantos minutos muchos de los elementos que identifican a México ante el mundo: caballos, color, tradición, destreza y cultura.
Todo esto ocurrió en Puerto Morelos.
A pocos kilómetros de uno de los corredores turísticos más importantes de América Latina.


¿Y si empezamos a mostrarle este Quintana Roo al mundo?
Lo ocurrido en Ixtul deja una reflexión que va mucho más allá de quién levantó el trofeo.
Durante los últimos años, buena parte de la conversación turística de Quintana Roo se ha concentrado inevitablemente en el sargazo.
Y existen razones para ello.
Es un problema real, complejo y costoso que afecta nuestras playas, la experiencia de los visitantes y uno de los principales activos económicos del estado.
Hay que atenderlo. Hay que invertir en soluciones. Hay que mantener limpias nuestras costas y encontrar mecanismos cada vez más eficaces para disminuir su impacto.
Pero Quintana Roo no puede permitir que el sargazo termine definiendo toda su conversación turística.
Mientras discutimos cómo proteger las playas, también podríamos preguntarnos:
¿Qué estamos haciendo para enseñarle al visitante todo lo extraordinario que existe cuando se aleja de ellas?
Porque diversificar el turismo no necesariamente significa construir algo nuevo.
A veces basta con mirar hacia adentro.
Resulta paradójico hablar permanentemente de crear experiencias turísticas cuando acontecimientos como el celebrado en Ixtul ya ofrecen exactamente aquello que muchos viajeros buscan cuando recorren el mundo: autenticidad.
Durante dos días hubo charrería de alto nivel, caballos, tradición, competencia, familias y una expresión profundamente mexicana.
Además, fue un evento abierto al público y con entrada gratuita.
Entonces vale la pena preguntarlo:
¿Por qué no estamos mostrando más este Quintana Roo al mundo?
El turista puede venir por el Caribe y regresar hablando de México
Quien aterriza en Cancún puede haber comprado su boleto por una fotografía del mar turquesa.
Pero no necesariamente tiene que regresar a casa hablando únicamente de la playa.
Puede descubrir la cultura maya.
Puede recorrer comunidades.
Puede nadar en un cenote.
Puede probar nuestra gastronomía.
Puede conocer la selva.
Y también puede sentarse en las gradas de un lienzo charro de Puerto Morelos y descubrir el coleadero, las manganas, el paso de la muerte o la elegancia y precisión de las escaramuzas.
Ahí existe una oportunidad que merece ser observada con mayor atención por presidentes municipales, autoridades estatales, organismos responsables de la promoción turística y empresarios del sector.
No se trata de convertir nuestras tradiciones en un espectáculo artificial diseñado para turistas.
Todo lo contrario.
Se trata de preservar lo auténtico, fortalecerlo y darle una plataforma mucho mayor.
Eventos de esta calidad pueden incorporarse a calendarios turísticos y estrategias de promoción para que los millones de personas que llegan cada año al Caribe Mexicano sepan que existe algo más por descubrir.
Y eso también puede significar llevar visitantes y derrama económica hacia espacios diferentes de las zonas tradicionalmente turísticas.
Tal vez llegó el momento de reinventarnos
Durante décadas, Quintana Roo construyó buena parte de su éxito alrededor de una fórmula extraordinariamente poderosa:
sol, arena y Caribe.
Funcionó.
Y sigue funcionando.
Pero los grandes destinos turísticos también evolucionan.
El sargazo, los fenómenos ambientales, la aparición de nuevos competidores internacionales y un viajero cada vez más interesado en vivir experiencias auténticas obligan a pensar qué queremos que sea Quintana Roo durante las próximas décadas.
Quizá reinventarnos no significa abandonar aquello que nos convirtió en una potencia turística.
Significa sumarle todo aquello que durante años dejamos fuera de la postal.
Porque frente al sargazo podemos colocar barreras, embarcaciones y brigadas de limpieza.
Pero frente a los cambios que vive el turismo mundial necesitamos otra herramienta igualmente importante:
imaginación.
Imaginación para comprender que nuestro patrimonio turístico no termina donde termina la arena.
Quintana Roo también es selva, cenotes, comunidades, cultura maya, gastronomía, caballos, sombreros, escaramuzas y charrería.
Durante dos días, Ixtul lo puso frente a nuestros ojos.
Ahora falta que quienes diseñan, promocionan y deciden el rumbo turístico también volteen a verlo.
Porque mientras seguimos mirando al mar, quizá algunas de las experiencias capaces de enriquecer el futuro turístico de Quintana Roo están ocurriendo tierra adentro.
Y tal vez llegó el momento de dejar de preguntarnos únicamente cómo traer más turistas a nuestras playas y comenzar a hacernos una pregunta mucho más ambiciosa:
¿Qué más de Quintana Roo queremos que el mundo venga a descubrir?





