Una falla eléctrica entre las estaciones Fortuna y Tlalnepantla del Tren Suburbano el 21 de mayo causó detenciones prolongadas y marchas lentas, generando retrasos de más de 40 minutos. Este incidente reavivó cuestionamientos sobre la operación y el mantenimiento del sistema de transporte.
Demoras prolongadas: Cómo el incidente eléctrico afectó a los pasajeros
El 21 de mayo, el Tren Suburbano comunicó mediante sus redes sociales oficiales el registro de marcha lenta entre las estaciones Fortuna y Tlalnepantla, atribuida a un incidente en el sistema eléctrico. Un breve comunicado divulgado ese mismo día prometió la pronta normalización del servicio tras la subsanación del fallo en las instalaciones.
La disrupción se localizó específicamente en el tramo que conecta el Estado de México con la Ciudad de México, impactando la operatividad de los trenes en múltiples estaciones. Esta interrupción provocó el enojo de cientos de usuarios, quienes reportaron esperas que superaron los 40 minutos, extendiéndose incluso hasta una hora en algunos segmentos del trayecto. La compañía aseguró trabajar para normalizar la circulación “a la brevedad”.
Comunicación deficiente: La experiencia de los usuarios en medio del caos
Tras el evento eléctrico del 21 de mayo, los pasajeros manifestaron su descontento ante la escasa o nula información disponible en las estaciones. Antes de la emisión del comunicado oficial, los usuarios carecían de conocimiento sobre la situación, con una demora de casi una hora para recibir actualizaciones.
Numerosos testimonios indicaron que los trenes experimentaron detenciones completas. Durante estas paradas, la falta de aire acondicionado y la ausencia de iluminación en ciertos vagones incrementaron la tensión, propiciando condiciones incómodas debido al calor y la insuficiente ventilación. Este panorama acentuó la frustración de quienes utilizaban el servicio.
Desafíos operativos: El historial y las preguntas sobre el mantenimiento
La recurrencia de este tipo de eventos, especialmente poco después de la integración de la ruta hacia el AIFA (ahora conocido como Felipe Ángeles), genera serias interrogantes. La expansión del servicio y el reciente cambio de nombre del Tren Suburbano, anunciados por Sheinbaum, junto con el aumento de tarifas implementado desde el domingo previo, enmarcan el incidente en un contexto de constantes ajustes operativos.
La frecuencia de las fallas ha suscitado cuestionamientos sobre el estado del mantenimiento y la eficiencia de la operación actual del sistema de transporte. Este sistema es vital, pues conecta el norte de la Ciudad de México con varios municipios clave del Estado de México. El Tren Suburbano es ahora, en su mayoría, de carácter público, según declaraciones recientes. Los incidentes previos ya habían sido objeto de crítica por parte de los usuarios.



