La captura de Iván ‘N’, alias ‘El Tanque’, operador regional del Cártel Jalisco Nueva Generación, ocurrió el 5 de octubre en Zapopan, Jalisco, mediante un operativo conjunto de la Secretaría de Seguridad, la Defensa Nacional, la Guardia Nacional y la Fiscalía General.
La detención de este objetivo prioritario se consolidó mediante trabajos de inteligencia que permitieron interceptar su ubicación exacta en flagrancia delictiva.
El despliegue operativo integró a fuerzas especiales del Ejército Mexicano y al Grupo de Operaciones de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. El Centro Nacional de Inteligencia, junto a agentes de investigación de la propia Secretaría y de la Agencia de Investigación Criminal de la Fiscalía General de la República, ejecutaron el seguimiento de los movimientos del presunto criminal. Durante la acción, las autoridades aseguraron un vehículo, un arma de fuego y diversos narcóticos.
Las actividades ilícitas del detenido se extendían a Veracruz, Oaxaca, Tabasco y Puebla bajo un esquema de operaciones diversificado.
La estructura criminal liderada por este individuo sostenía una red dedicada a la extorsión, homicidios y la privación ilegal de la libertad. Los registros federales lo vinculan directamente con el ataque perpetrado en 2015 contra un helicóptero del Ejército Mexicano, incidente que resultó en la pérdida de vida de personal militar y de la Policía Federal. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos oficializó sanciones contra el sujeto en septiembre de 2024, identificándolo como un integrante relevante del círculo íntimo de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, tras un intercambio de información con la Administración de Control de Drogas. El implicado enfrentará su proceso ante la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada, órgano que definirá su situación jurídica conforme a derecho. El titular de Seguridad Pública reconoció la cooperación institucional de las administraciones estatales de Veracruz y Jalisco.
La infraestructura de robo de hidrocarburos operaba mediante una compleja red de almacenamiento clandestino y fachada comercial.
El modelo de negocio criminal aprovechaba tomas ilícitas en ductos de Pemex para la extracción constante de combustible. Este producto era trasladado a instalaciones situadas en las proximidades de la capital de Veracruz, donde se resguardaba en depósitos capaces de albergar millones de litros. La comercialización del hidrocarburo se legalizaba mediante el uso de familiares y colaboradores operando como prestanombres, quienes gestionaban estaciones de servicio bajo una apariencia de licitud. Esta red de distribución no se limitaba al mercado interno, pues parte del combustible era entregado a terceros para su posterior comercialización en territorio estadounidense.

