El jaguar, felino más grande de América y mascota oficial del Mundial 2026 en México, Canadá y Estados Unidos, representa una oportunidad desaprovechada por las autoridades para visibilizar su crítica situación. Esta especie enfrenta amenazas severas como la destrucción de su hábitat, la venta ilegal, la caza furtiva y el resurgimiento de plagas, factores que comprometen su supervivencia a pesar de los avances en su conservación.
La mascota que no salvó a su especie: El jaguar del Mundial 2026
Gerardo Ceballos, biólogo e investigador titular del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), denunció la falta de difusión institucional sobre las amenazas que enfrenta el jaguar, a pesar de su designación como mascota oficial, Zayu. El experto fundó en 2005 la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar (ANCJ), la cual ha liderado esfuerzos significativos.
México se destaca como el único país que ha realizado un censo de la especie, registrando cinco mil 300 ejemplares en 2024, lo que representa un aumento del 30% respecto a la población de 2010. Estos avances históricos se deben al monitoreo con cámaras trampa, estudios científicos de población y genética, identificación y protección de corredores biológicos, y trabajo comunitario para reducir el conflicto jaguar-ganadería. A pesar del crecimiento poblacional, Ceballos enfatizó que la especie no está fuera de peligro.
El avance truncado: Depredación del hábitat y nuevas plagas letales
El jaguar sigue confrontando la expansión urbana y conflictos con actividades humanas. Anualmente, México registra la pérdida de aproximadamente 150 mil hectáreas de bosques y selvas. El proyecto del Tren Maya contribuyó a esta devastación, al destruir seis mil hectáreas de selva.
A la pérdida de hábitat se suma la reaparición del gusano barrenador, una larva de mosca que se alimenta de tejidos, infectando heridas abiertas de diversos animales, incluidos los jaguares. Esta plaga, extinta en México desde 1991, resurgió a finales de 2024. Ceballos advirtió sobre el “terrible impacto” del gusano barrenador en los jaguares, ya que las heridas resultantes de sus peleas se infectan con facilidad. El biólogo calificó como “una gran torpeza” la interrupción de la producción de moscas estériles para combatir la plaga, lo que prolongará su eliminación. Este retroceso podría anular los logros alcanzados en la recuperación de la población de jaguares.
La oportunidad perdida: Desinterés oficial en la crisis del felino
La mascota Zayu, diseñada para simbolizar “unidad”, “fortaleza” y “alegría” en el Mundial, contrasta con la realidad del jaguar mexicano. Acompañado por Maple, un alce canadiense, y Clutch, un águila americana, Zayu representa el magno evento de tres países sede. Mientras la FIFA declaró al jaguar como un “valioso patrimonio y dinamismo del país”, no se ha observado una difusión institucional sobre su cuidado o conservación.
Ceballos lamentó la falta de una reacción más “agresiva” y “ambiciosa” por parte del gobierno federal, particularmente de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. El experto señaló que factores sociales, políticos y económicos complejos, como la violencia, los fraudes y la falta de gobernabilidad en México, relegan la cuestión ambiental a un segundo plano, donde el jaguar no ocupa un lugar prioritario.
Como iniciativa de la ANCJ, a partir del 13 de junio se inaugurará una exposición en el Centro Cultural Bella Época de la Ciudad de México. Esta muestra presentará 40 fotografías de jaguares y detalles sobre los esfuerzos de conservación.
Un futuro sin jaguares: El colapso que amenaza la vida terrestre
Ceballos afirmó que la desaparición de los jaguares comprometería la viabilidad social, política y económica del país. La pérdida de esta especie implicaría haber destruido gran parte de los ambientes naturales esenciales para mantener recursos vitales como el agua, la comida, el oxígeno y el clima, no solo de México, sino del planeta.
La conservación del jaguar trasciende la protección de una única especie. Al salvar al jaguar, se resguardan miles de otras especies menos carismáticas pero fundamentales para el equilibrio ecológico. Además de su rol biológico, el jaguar ostenta un profundo simbolismo cultural desde la época prehispánica en México, siendo un icono de majestuosidad y la lucha por la naturaleza.
Según el investigador, existen motivos éticos, filosóficos, morales y económicos para proteger al jaguar, pero el más crucial es la preservación de la vida en la Tierra. La estructura de los ecosistemas biológicos y la combinación correcta de gases atmosféricos para sustentar la vida dependen directamente de la flora y fauna silvestres. La pérdida de una especie como el jaguar erosiona la capacidad del planeta para sostener la vida. Ceballos concluyó que las próximas dos décadas son cruciales para el futuro de la humanidad, advirtiendo sobre un posible colapso social, político y económico, e incluso el colapso de la civilización, si no se presta atención a estas problemáticas.



