Durante el partido inaugural del Mundial 2026 entre México y Sudáfrica, un contingente del bloque negro se enfrentó a la Secretaría de Seguridad Ciudadana en las inmediaciones del Estadio Ciudad de México, generando disturbios y vandalismo en respuesta a diversas demandas sociales y políticas.
El avance disruptivo del bloque negro hacia el estadio
El inicio del Mundial de Futbol 2026 fue marcado por la irrupción de un grupo de jóvenes encapuchados, autodenominados “bloque negro”, en las cercanías del Estadio Ciudad de México. Mientras el silbatazo inicial del partido entre México y Sudáfrica resonaba, aproximadamente 400 estudiantes de colectivos anarquistas iniciaron su desplazamiento, rodeando el complejo deportivo y dirigiéndose hacia la Calzada de Tlalpan. Este movimiento generó una primera oleada de incidentes que desafiaron la seguridad del evento.
La ruta de la protesta: rompiendo filtros desde avenida del Imán
Los manifestantes irrumpieron por la avenida del Imán, donde encontraron la primera valla de acceso al estadio, ubicada en la esquina de Gran Sur. Los voluntarios del torneo mundialista se apartaron, permitiendo el paso firme de los encapuchados rumbo al recinto de Santa Úrsula. Al llegar al segundo filtro, situado en el puente del ‘Circuito Estadio Azteca’, el contingente rompió las vallas y destrozó las flores de cempasúchil que el gobierno capitalino había dispuesto en los alrededores del inmueble. Durante estos episodios, cerca de 80 elementos de la Policía Auxiliar observaron sin intervenir activamente.
Mensajes de resistencia: grafitis, volantes e interpelaciones directas
A lo largo de su recorrido por avenida del Imán, el grupo dejó una estela de mensajes. Se grafitearon bardas y fachadas en el camino hacia el estadio, y un autobús ‘Marsella’ fue vandalizado con la pinta “fuera inmobiliarias”. Los manifestantes también distribuyeron papeletas que declaraban: “No, no somos infiltradxs, somos estudiantes, trabajadores y proletarios. Terrorista es el Estado”, y “La 4T no traicionó al pueblo nunca fue su representante”. Además, lanzaron consignas directas a los voluntarios del evento, como “¡pinches vende patrias!” y “¿¡su libertad vale 300 pesos y una torta!?”. Vecinos curiosos salieron de sus hogares para observar el paso de los grupos.
La escalada del conflicto: vandalismo y respuesta policial
La situación escaló a un enfrentamiento directo tras la celebración del primer gol de la Selección Mexicana. Los manifestantes, que habían descendido del puente de acceso al recinto a la Calzada de Tlalpan, se encontraron con un contingente de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC). Los agentes, equipados con cascos y escudos, intentaron replegar a los inconformes, pero la respuesta de estos fue el lanzamiento de objetos contra los oficiales y la destrucción de mobiliario urbano.
El choque en Calzada de Tlalpan: objetos, gases y repliegue forzado
Sobre la Calzada de Tlalpan, en dirección norte, se desató el enfrentamiento principal. Los jóvenes comenzaron a arrojar diversos objetos contra los uniformados. En respuesta, la fuerza policial empleó gases irritantes para contener a los manifestantes y forzar su repliegue. Este choque marcó el punto álgido de la protesta, donde la confrontación física y las medidas de dispersión se hicieron evidentes.
Daños materiales: infraestructura urbana y propaganda electoral
Paralelamente a los enfrentamientos, los manifestantes llevaron a cabo actos de vandalismo. Desmontaron las rejas del Tren Ligero y quemaron conos anaranjados de tránsito, alterando la señalización vial. La publicidad instalada en las paradas de autobuses también fue destruida, evidenciando una estrategia de impacto visual y desestabilización en el entorno del estadio. Estas acciones se extendieron a la infraestructura pública cercana al evento mundialista.
Las motivaciones profundas: voces y demandas del movimiento
La protesta del bloque negro no fue un acto aislado, sino la manifestación de diversas inconformidades sociales y políticas que buscan visibilidad en el contexto de un evento de magnitud global. Los manifestantes se desviaron por vallas en el sentido hacia avenida Tlalpan con la intención de unirse a otros grupos provenientes del centro de la ciudad, quienes también protestaban en contra del Mundial de Futbol.
Un portavoz anónimo: denuncias de injusticia y el caso Ayotzinapa
Un integrante del contingente, que prefirió mantener el anonimato, declaró a Proceso que existía “desinformación, injusticia en el país” y una “falta de respuesta a los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa”. El vocero cuestionó la realización del Mundial por parte de Sheinbaum, preguntando: “¿cómo se atreve a hacer un Mundial, no ve cómo estamos?”. Este testimonio subraya la conexión de la protesta con demandas de larga data y críticas directas a la gestión gubernamental, utilizando el escenario mundialista como plataforma para amplificar sus reclamos.
Colectivos unidos: CNTE y grupos antimundialistas en convergencia
El contingente inicial, compuesto por estudiantes y colectivos anarquistas, fue diseñado para unirse con otras fuerzas de protesta. Entre los grupos esperados se encontraban la Coordinadora Nacional de Trabajadores del Estado (CNTE), grupos “antimundialistas” y diversos contingentes estudiantiles. Esta confluencia de organizaciones sugiere una movilización coordinada que buscaba trascender las fronteras de un simple acto de protesta para articular un frente amplio contra lo que percibían como desviaciones del gasto público y falta de atención a problemas sociales urgentes en el país.



